Alejandro Rodrigo

Silencio Interior

Se inicia un nuevo curso académico, así es como siempre he ordenado yo mis años. Quizás, una buena manera de iniciarlo y de retomar la actividad en mi abandonado pero no olvidado blog sea la de desvelar el concepto de Silencio Interior.
Un concepto y una técnica que suelo trabajar con los adolescentes y sus familias.
Esto es: fomentar espacios de soledad reflexiva.

En La Contra de La Vanguardia publicada el pasado 14/09/22 concluyo con esta idea y,el 24/09/22, participando en el Podcast de Madresfera grabado en el Espacio de Fundación Telefónica también lo he citado. En ambas ocasiones he experimentado un buen volumen de comentarios con cariño que se interesaban por el concepto.

Quizás, si el universo, mi editorial y mi disciplina quisieran sería una preciosa idea dedicarle algo “más” que una entrada en el blog a ello, pero mientras tanto, sean válidas unas breves líneas para su desarrollo.

Cuando hablo de “Silencio Interior” me refiero a ese espacio de vacío total, solamente ocupado por la “nada” en el que la persona se encuentra libre de pensamientos ajenos e interrupciones no deseadas. Me refiero a esos momentos en los que la mente le arrebata las riendas a la voluntad consciente y, despojada de condicionantes externos, es capaz de viajar allá donde desea. A menudo, el viaje se dirige eclosionando con los problemas del ahora, que actúan como imanes. Uno no es capaz de saber hacia dónde le están dirigiendo sus pensamientos, simplemente se sube a la nave y disfruta con temor y asombro el viaje. El destino del viaje no es lo importante. Lo verdaderamente provechoso es el propio recorrido, son los ideales éticos visitados. Luego ya, el ser capaz de hacer realidad esas conclusiones y plasmarlas en la vida real a modo de decisiones… ya es otra dimensión.

Sin embargo, no hay tal viaje con el ruido de las notificaciones.

Con un ejemplo, si no nos dejamos llevar por la literalidad del mismo, se evidencia mejor el concepto:

1997.
Hermelinda y Javi son novios. Adolescentes. Sin embargo, la relación se rompe. Ella llega a casa, se mete en su habitación, pone en la “cadena de música” el cassette de Laura Pausini, se tira en la cama, se tapa con la almohada, baja la persiana a media altura, llora, para de llorar, canta, vuelve a llorar, se queda mirando el techo. Nada más. Vuelve a llorar, a penas cena, vuelve a su cama, llora, se ríe y no sabe por qué, sale y le da un beso a su madre que está preocupada por ella, acaricia al perro que está esperando en la puerta de su habitación, se tumba, se duerme.

2022.
Hermelinda y Javi son novios. Adolescentes. Sin embargo, la relación se rompe. Ella llega a casa, se mete en la habitación, no se quita los zapatos, se tira en la cama y…se acabó el día porque empieza a recibir innumerables notificaciones en las distintas redes sociales o servicios de mensajería. En su círculo de amigos, ahora mismo “H & J” son trending topic, no se habla de otra cosa. Sí, están conectados y muchas de sus amigas son un verdadero apoyo para ella. No está sola. Está acompañada, ayudada, escuchada, comparten pena y rabia, se cuelan fotos que le han pillado a él en no sé cuál red social, se sigue comentado, Hermelinda se siente reconfortada, tiene buenas amigas. Son las tantas de la madrugada, se siente bien, tiene amigas y una buena red de personas que le han validado sus sentimientos y hasta la han confrontado cuando pensaba en tonterías, las notificaciones siguen llegando, ya tienen elaborado entre todas un plan, en apenas unas horas se ven en el instituto y lo acabarán de cerrar. Tiene suerte de tenerlas y de haber estado conectadas. No ha estado sola.

Y, ciertamente, la ausencia de soledad le ha privado de la mejor compañía: Ella misma.

Peor aún, el ruido exterior ha desembocado en la adopción de decisiones no propias. Cuando los niveles de fragilidad y de permeabilidad son extremadamente altos, los apoyos externos suelen “redirigir” los pensamientos y anulan la voluntad genuina del yo.

El “Silencio Interior” de Hermelinda en 1997 creó un espacio insoportable de soledad. Toda una tarde. O mil. Gracias a ello, pudo identificar la emoción, pudo transitarla, pudo llorarla, para solo así ser capaz de expresarla cuando estuviese preparada, culminando con ese proceso homeostático de regresar al punto de equilibrio.

El “Ruido Exterior” de Hermelinda en 2022 creó un espacio de aparente seguridad que la reconfortó inicialmente, pero que la privó de elaborar ella misma el proceso de pérdida. Le llegaron mil ideas de otras personas que condicionaron las suyas propias, convirtiéndose en parásito del “qué dirán”.

 

Cuando uno se encuentra en la soledad más extrema y mirando de frente el vacío, examinando el pasado y el futuro, solo entonces es capaz de desenterrar el coraje para alcanzar la cima.
El resto, el estar intoxicado por el ruido ajeno, acostumbra a asemejarse al montañero que vaga con una venda en los ojos sin saber qué montaña es su destino.

 

 En Sputnik de Las Rozas, Madrid a 25 de septiembre de 2022

Dedicado a Hermelinda y Javi, por su unión y por esa estrella llegada del cielo.

Recomendación Musical: Laura Pausini, nunca escuché una canción entera suya, pero ayudó a infinidad de adolescentes en sus soledades.

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