Alejandro Rodrigo

Sí que tenemos tiempo

Una vez mientras paseaba a primera hora de la tarde (mi momento preferido son las primeras horas de la tarde de los domingos en otoño) y mientras estaba inmerso en un sinfín de obligaciones que no estaba atendiendo debidamente, porque “no tenía tiempo” mi mente empezó a divagar sobre este concepto tan raro y ya famoso en estos tiempos: “Las prisas”, “el no llegar a nada”, “el no tengo tiempo”.

Era evidente que no me daba la vida para todas aquellas obligaciones, tareas, objetivos, propósitos en los que me veía inmerso y, como tal, no paraba de darle vueltas a que no tenía tiempo, pero al mismo tiempo algo me decía que eso no era verdad. Por supuesto que sí debía de tener tiempo, claro, pero entonces, ¿Dónde estaba el fallo? porque si resultaba que en verdad sí tenía tiempo (el mismo que todos los demás) ¿Cómo era posible que no pudiera llegar a las necesidades de mi familia, amigos, trabajo, emprendimiento, autocuidado, tiempo libre, …?

Empecé por culpar al sistema capitalista, pero parecía evidente que estaba abrazando lo que los psicólogos denominan “locus de control externo”, es decir, echarle la culpa a lo de fuera y no poner la mirada en mí mismo. Con estas divagaciones avanzaba en mi paseo cuando de manera clarificadora caí en la cuenta de que por supuesto que tenía tiempo. Lo vi cristalino, porque precisamente empecé a reflexionar sobre aquellas personas que no tienen tiempo, es decir, empecé a pensar en cuáles son las circunstancias en las que una persona no tiene tiempo. ¿Cuándo una persona no puede decidir sobre su tiempo? Llegué a dos escenarios, solo a dos.

De esta manera entendí que el resto de situaciones o de escenarios no podían ser fruto de la incapacidad para encontrar el tiempo, sino que debían ser decisiones tomadas de manera activa por el individuo, pero camufladas bajo el disfraz de “obligaciones”.

Voy a desarrollarlo, a ver si soy capaz de explicarme más específicamente. Solo hay dos escenarios en los que una persona no puede decidir sobre su tiempo.

ESCENARIO 1: Si la persona se encuentra enferma. Verdaderamente incapacitada por su salud. Es decir, si usted se encuentra ingresado en el hospital usted no puede tomar ninguna decisión sobre su tiempo. Los médicos y la salud gobiernan su tiempo. Tiene que estar recuperándose, su cuerpo le necesita. Si usted sí puede tomar decisiones sobre su tiempo, entonces es que no está tan enfermo.

ESCENARIO 2: Si la persona está en la cárcel. Si usted se encuentra cumpliendo condena en un centro penitenciario, pues…parece que no hay mucho que explicar, usted no puede decidir lo que hacer con su tiempo.

El resto de escenarios sí se corresponden con decisiones activas que tomamos. En el resto de circunstancias sí podemos decidir qué hacer con nuestro tiempo. Somos los dueños de nuestra vida y a cada momento decidimos qué hacer con ella. Cuando nos acogemos al argumento de que no tenemos tiempo, en el fondo estamos mintiendo.

Los ejemplos, tienden a ser esclarecedores y en este caso podrían mirarse desde su propia literalidad, no como en otros desarrollos en los que sirven de puras metáforas, aquí no, aquí los ejemplos son como son. Veamos:

  • Lo siento, no puedo ir a tu cumpleaños porque tengo a mi hija mala, me tengo que quedar en casa.

  • Nada, no puedo ir de acampada con vosotros, tengo que trabajar ese fin de semana.

Vistos desde una perspectiva “simplista” los dos argumentos son ciertos. Que una hija esté enferma no se puede desatender; trabajar es siempre una obligación para poder traer el dinero a casa con el que sobrevivir y toda persona primero debe atender a las responsabilidades familiares, laborales y personales, lo de quedar con amigos, sin duda, es algo secundario. Por lo tanto, los dos argumentos son ciertos y, además, los hemos aceptado como sociedad sin ningún problema.

Todos hemos utilizado alguno de estos argumentos en algún momento.

Sin embargo, son una trampa. No digo que no sea cierto que las obligaciones son obligaciones, al menos ética o moralmente, pero la realidad es que tomamos decisiones a cada momento de lo que hacer con nuestro tiempo y este hecho es una maravilla.

Es absolutamente loable y admirable poner el lenguaje al servicio de la objetividad y de la voluntad propia, para dejar de convertirle en siervo de las excusas.

Fijémonos qué fácil sería modificar los dos ejemplos anteriores con la fórmula:

“En vez de decir NO PUEDO, decir PREFIERO NO HACERLO”

 

  • Lo siento, pero prefiero no ir a tu cumpleaños, me encantaría ir pero quiero quedarme en casa con mi hija que está mala.

  • Lo siento, me lo pasaría genial con vosotros de acampada, pero quiero ser responsable y terminar todo el trabajo que tengo.

Por esto mismo, precisamente por no explicitar nuestros deseos más profundos, poco a poco el uso que le damos al lenguaje va modificando nuestra manera de escuchar nuestras preferencias. Resulta que al final acabamos traicionando lo que más queremos en nuestra vida, que es nuestra familia,

¿Cómo puede ser que acabemos poniendo como excusa a nuestra familia para no quedar con algunos amigos?

La clave está precisamente ahí, en descubrir si lo que queremos es quedarnos en casa cuidando a nuestros seres queridos o lo estamos haciendo frustrados porque querríamos estar de fiesta pareciendo precisamente nosotros mismos unos adolescentes pueriles. Con evidencia, una única vez no compone la pauta, sino que es la generalidad de estas situaciones las que dibujan la realidad.

 

A continuación viene la CLAVE de estas reflexiones.

Los hijos son extremadamente hábiles para detectar si usted quiere estar con ellos o si está realizando un “trámite de acompañamiento pensando en estar en otro sitio”.

No hay dinero en el mundo suficiente que pague la terapia que intente subsanar el daño producido por un padre o una madre que está sin querer estar.

A partir de ahora, piense bien y con mucho detenimiento cómo construye su lenguaje.

Usted está decidiendo salir de casa a las 8 am y regresar del trabajo a las 22 pm.
Sin embargo, no se trata tanto de buscar otro empleo como de encontrar la manera de estar presente en sus vidas. Lo expongo con un ejemplo real siempre en las conferencias en las que participo.

Modificar el lenguaje es un primer paso para implementar un profundo cambio de actitud. ¿Se imagina que su hijo le escucha en vivo y en directo que usted les dice a sus amigos que prefiere quedarse esta vez en casa cuidando de su hijo, en vez del “tengo que quedarme en casa”?

 

Por último, una confesión:

Todo este tiempo atrás he decidido no escribir en este blog, no continuar avanzando con los Episodios porque he preferido estar inmerso en el proceso de escritura de mi segundo libro.

Con mucho amor y dedicación, puedo confirmar que ya está escrito y que me encuentro inmerso en el proceso de edición (no menos complejo) pero ahora ya, ahora sí quiero dedicar mis esfuerzos en continuar con los Episodios. Hasta ahora he decidido estar muy focalizado en la escritura del segundo libro…ya lo verán, mejor dicho, ya lo leerán, pero no va a dejar a nadie indiferente.

 

En Las Rozas, a 4 de junio de 2023.

 

Dedicado a mi esposa, ella sabe por qué.

Recomendación musical: Insomnio de KRETYZ
https://youtu.be/TwNrwmPBeeQ

 

 

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