Alejandro Rodrigo

Mi hijo llega borracho a casa

No es ninguna novedad que desde hace mucho tiempo, años, décadas, el problema del consumo de alcohol en la adolescencia se ha convertido casi en una emergencia. Cada vez más, con paso firme y sin descanso, la edad en el inicio del consumo de alcohol se adelanta. Una de las mayores preocupaciones que me encuentro en intervención es esta frase tan recurrente de preocupación de padres “Alejandro, mi hijo llega borracho a casa todos los fines de semana”, “ya no sabemos qué podemos hacer”.

Mi hijo llega borracho a casa, un problema que los padres no saben como afrontar

Abordar la problemática del consumo de alcohol no es nada fácil, de hecho, es una lacra y un problema acuciante al que nos enfrentamos como sociedad desde tiempos remotos. Sin embargo, posiblemente debamos partir de este primer concepto: “Es un problema social”. El aforismo de la Antigua Roma “Panem et circenses” lo resumió todo a la perfección: Dar al pueblo alimento y entretenimiento para tenerles dominados.

Cuando nos enfrentamos al problema del consumo de alcohol en nuestros hijos adolescentes, debemos tener bien claras las siguientes variables.

Adolescente borracho

Tener criterio para ponderar la importancia y relevancia de cada una de ellas es la clave para diseñar una estrategia útil y de ayuda para nuestro hijo o hija adolescente.

  1. Es importante tener en cuenta la edad de nuestro hijo. Es obvio, pero a menudo se nos pasa por alto. No es lo mismo que nuestro tenga 13 años a que tenga 17 años. Lo primero es un consumo peligroso, lo segundo es un consumo de riesgo.
  2. Es fundamental detectar la sustancia, es decir, la tipología del alcohol. No es lo mismo que sea consumidor de “fermentados vivos” como la cerveza, vino, sangría o calimocho, a que sea consumidor de “destilados muertos” como son el whiskey, ginebra, ron, tequila, …
  3. No es lo mismo que beba en las franjas de tiempo establecidas socialmente para la “fiesta” que lo haga en horas de supuesta responsabilidad profesional o académica. Es decir, no es lo mismo que llegue borracho por la noche el viernes o el sábado, a que esté consumiendo alcohol entre diario o en horas de instituto o trabajo.
  4. Es relevante diferenciar si bebe solo o acompañado. No es lo mismo que beba en compañía de su extenso grupo de amistades en las fiestas de cumpleaños a que consuma alcohol en soledad y casi a escondidas
  5. Es prioritario detectar el nivel de autoestima y autoconcepto de nuestro hijo, ya que supondrá un factor de protección o de riesgo para el consumo. Es decir, no es lo mismo que nuestro hijo se emborrache y además (o posiblemente a causa de…) sufra un nivel muy bajo de autoestima a que consuma alcohol pero disfrute de un importante y equilibrado nivel de autoconcepto.
  6. No es lo mismo que nuestro hijo sea capaz de presentar adecuados niveles de autocontrol en los distintos escenarios de su día a día a que nuestro hijo se caracterice por su impulsividad y bajo nivel de tolerancia a la frustración.
  7. No tiene nada que ver que el uso del alcohol responda a una necesidad de “mal entendida” disfrute por la fiesta y la socialización, a que tenga que ver a una estrategia terapéutica. Es decir, no es lo mismo que nuestro hijo tenga muy claro que bebe en las celebraciones, las que sean, a que consuma alcohol y llegue a emborracharse porque no es capaz de soportar los niveles de ansiedad o tensión que sufre y, por lo tanto, necesite una sustancia liberalizadora.
  8. Es muy significativo ser capaz de detectar el nivel de decisión de nuestro hijo. No es lo mismo que no quiera consumir alcohol y acabe borracho a raíz de la presión del grupo de iguales o de su pareja, a que sea muy consciente de en qué momentos sí consume y en cuáles no.

Estas ocho estrategias, son absolutamente esclarecedoras de en qué nivel de riesgo o peligro se sitúa nuestro hijo. Ser capaces de parar un momento antes de aplicar la consecuencia o el castigo pensado y analizar todas estas variables, normalmente nos indica una guía clara de saber cómo enfrentarnos a una situación de esta importancia: la llegada por la noche de un hijo adolescente borracho a nuestra casa.

En cualquiera de los casos y modo de guía de actuación, valgan las siguientes tres ideas como medio de reflexión. A través de este proceso de análisis y crítica la solución de cómo actuar normalmente se evidencia por sí misma.

  1. Plantearnos qué modelo le estamos transmitiendo nosotros mismos como padres. ¿Qué imagen estamos mostrando a nuestros hijos respecto a nuestro consumo de alcohol?
  2. Si las ocho variables nos indican peligro, entonces, una estrategia siempre ganadora será la de alejarle del peligro antes de que se convierta en una adicción de consecuencias catastróficas. Si las ocho variables nos evidencian un riesgo, entonces la comunicación permanente y la actuación educativa serán la clave sobre la que cimentar nuestra actuación.
  3. Sea como fuere, en el momento de la llegada a casa no está nada mal recordar que hablar con un borracho es como hablar con un fantasma. Nada se queda. Es mucho mejor ayudar en la parte clínica a nuestro hijo, y cuando los efectos adversos de la ingesta de alcohol hayan desaparecido, entonces sí, es nuestro momento. Y no habrán muchas más oportunidades, la primera oportunidad después de la resaca, ES LA OPORTUNIDAD.

En casa de mi amigo Dani, donde inicié mi abstinencia.

A 16 de noviembre de 2023

Dedicado a todos los adolescentes abstemios, por su coraje y tesón.

Por ser referentes en contra de la opinión de la gran masa.

Recomendación musical: Ojos de serpiente, Fito & Fitipaldis.

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