Alejandro Rodrigo

¿Por qué mi hijo hace botellón?

Tras los efectos devastadores desde el punto de vista sanitario y social causados por un virus, COVID-19 (por cierto sí existe el virus y sigue siendo mortal) la sociedad no solo de nuestro país, sino del mundo en su globalidad se ha visto forzada a realizar grandes esfuerzos como los confinamientos o las restricciones ya conocidas por todos.

Recientemente, gracias al esfuerzo de tantos, vamos recuperando nuestras “libertades” que tanto añorábamos y se ha dado la circunstancia de que unos cuantísimos jóvenes se han lanzado a las calles, ocupándolas y conquistándolas por la noche, para ejercer su “derecho” a beber hasta que el cuerpo aguante.

A raíz de ellos, medios de comunicación y diferentes entidades han consultado mi punto de vista y me han invitado a sus programas, que quizás usted haya podido escuchar. Más allá de las reflexiones sobre el asunto, hay preguntas imposibles cuyas respuestas dejen a todos contentos.

¿No debería estar verdaderamente prohibido esto?

¿Qué hacían las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado?

¿Pero…estos chicos no tenían padres que frenaran esto?

¿En qué clase de sociedad vivimos?

¿Son todos los adolescentes unos borrachos?

Solamente me atrevo con la última. Mi respuesta es NO. Por supuesto que no, de hecho, esas noches había muchísimos adolescentes responsablemente en sus casas o en la calle con sus amigos manteniendo conductas saludables, pero claro, lo que llama la atención es la conducta desajustada y mucho más cuando viene acompañada de conductas agresivas o violentas.


En mi libro “Cómo prevenir conflictos con adolescentes” me atrevo a compartir mi punto de vista tanto del consumo de sustancias tóxicas, el alcohol entre ellas, como de la diferencia entre Violencia y Agresividad.


Pero lo que verdaderamente quiero reflejar aquí, no es tanto el buscar la pauta perfecta para saber atajar que un hijo adolescente “participe” en un botellón, lo que verdaderamente sería de gran utilidad, ni siquiera el entender por qué tras el consumo del alcohol se disparan las conductas violentas o agresivas. Esto ya lo dejé explícito recientemente en mis colaboraciones en los informativos de RNE por ejemplo:

Alcohol: Sustancia tóxica que es calificada como depresora del sistema nervioso y que una de sus principales características es ser un inhibidor de la capacidad de autocontrol de todo individuo.


Se trata de prevenir. Todo lo demás, ya es llegar tarde.

Si me han leído con anterioridad ya podrán anticipar que ahora tocaría hablar de cuánto alcohol consumimos en cada casa, de en qué situaciones, de si nos ven nuestros hijos, … Sí, esto está muy bien y, de hecho es parte de las claves que siempre desarrollo. Pero esta vez, quiero centrarme en los hábitos que desde bien pequeños inculcamos a nuestros hijos y pre-adolescentes.

A continuación desarrollo 3 claves fundamentales para prevenir que en el futuro nuestros pequeños se saquen la “tarjeta de socios honoríficos” de todo botellón que se dé en su barrio.

PRIMERA CLAVE: Prestar mucha atención a qué tipo de líquidos beben y a qué edades nuestros hijos.

¿Su hijo de 6 años bebe algo diferente a estos tres tipos de bebidas?

  • Agua
  • Leche (o sus derivados veganos no azucarados)
  • Zumos naturales de fruta (no los industriales, sino los exprimidos en casa)

Por ejemplo, cuando acuden a un cumpleaños ¿Qué tipo de bebida consume su hijo? ¿Es necesario que un niño de 6 años beba “refrescos”?

¿Su hijo preadolescente bebe esas bebidas “nuevas” que suelen ser de 500 ml (por cierto iguales que las pintas de cerveza británicas) y que llevan una devastadora mezcla de cafeína y azúcar?

No me voy a extender en este punto porque daría para un libro, pero mi opinión es que deberían estar prohibidas para menores de 18 años (por lo menos) Estas bebidas son potenciadores del futuro consumo de alcohol.

SEGUNDA CLAVE: Prestar mucha atención a las habilidades sociales que presenta nuestro hijo.

Si nuestro hijo mantiene un perfil dependiente de sus iguales, es decir, es siempre un seguidor de los líderes dentro del grupo, será muy difícil que rechace asistir a un botellón. Así de simple y así de complejo. A pesar de que su criterio propio le indique que es una atrocidad.

TERCERA CLAVE: Si de hecho nuestro hijo ya se está iniciando en la fiesta del botellón, es preciso prestar atención a si es “organizador”, “socio abonado” o “asistente esporádico”

Ya habrá adivinado que existen estos tres niveles de gravedad bien diferenciados. No es lo mismo ser quien planifica, organiza y congrega al resto a un botellón, que quien se apunta a todos los botellones que haya pero no le interesa especialmente, que quien finalmente acude a algún que otro botellón pero no le motivan demasiado porque se aburre.


Ser hipócrita sería no asumir que los adultos también hacemos botellón

Pero no los hacemos en los bancos de los parques, los hacemos cuando nuestros hijos pequeños tienen fiestas de cumpleaños y bebemos más de la cuenta sin remordimientos, los hacemos cuando quedamos con unos amigos en una terraza (ahí sí es legal beber hasta reventar), los hacemos cuando quedamos con una posible nueva pareja y tiramos del alcohol como herramienta seductora, los hacemos cuando acabamos de hace deporte y nos “merecemos” esas cervecitas y llegamos a casa rojos como un tomate a echar la siesta, los hacemos siempre en navidades,… podría seguir y seguir.

Ya sabe, todos esos botellones que hacemos los adultos son el aprendizaje de nuestros pequeños.

El único camino que existe para no sentirse hipócrita nunca más es solo uno:

No beber nunca nada de alcohol.

En el salón de mi casa, a 21 de octubre de 2021 sin nada de alcohol.

Dedicado a aquel amigo del que ya no me acuerdo ni de su nombre que me dio a beber aquella primera litrona caliente de cerveza y al que mentí diciéndole que estaba buenísima.

Recomendación: No me hagas soplar. Platero y Tú.

Foto: Foto real tomada por mí, en la última comida de negocios en la que preferí mantenerme toda la sesión a base de agua.

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