Alejandro Rodrigo

Escuche la música de sus hijos

Son las 19.00 pm. Es la hora. Abro la puerta de mi despacho que da acceso al pequeño jardín interior donde estoy seguro que me esperará la próxima familia. Allí están, no faltan a su cita.

Saludo a Carmela (utilicemos este nombre, por ejemplo), intercambiamos unas breves palabras y tras mirar a Hayate (quería que la llamara con este nombre u otro parecido) la invito a pasar al despacho. Carmela se va a dar una vuelta.

Hayate se sienta como siempre en su silla, yo en la mía. Nos miramos. Una pequeña sonrisa nerviosa que ya conozco e identifico. Más bien, esta vez la intuyo solamente por las pistas que me dan sus ojos, ya que las mascarillas llegaron hace tiempo para salvarnos las vidas y para ocultar los gestos más secretos. Ahora todo es mucho más seguro. En todos los sentidos. Ahora descifrar las emociones es una labor más compleja si cabe que antes.

La historia de Hayate es similar y a la vez totalmente diferente a la de cientos de “Hayates” que he visto en mi vida profesional. Una cosa sí me llama la atención y es que es una luchadora, sin ella saberlo.

Desde el principio me costó bastante “conectar” con Hayate. Respuestas de una palabra, miradas evitativas, altamente educada, inteligente, tímida y siempre desbordada emocionalmente. Sin embargo, un día cualquiera dejé de poner en práctica todas mis maravillosas e ineficaces técnicas de análisis, formulaciones de hipótesis y actuaciones educativas y me dediqué a “estar con ella”. Con otro tipo de perfiles el silencio prolongado es un amigo inestimable dentro del despacho que normalmente sorprende con revelaciones inesperadas, pero intuía claramente que no era lo apropiado con Hayate. Ella no requiere ese nivel de tensión, más bien todo lo contrario. En ocasiones hablábamos del mundo “anime” o literatura.

Y de repente, sin saber muy bien cómo, me encuentro escuchando música con Hayate.

Y de repente, sin saber muy bien cómo, su rostro se ilumina.

Ciertamente, yo tenía muchas ganas de proponerle escuchar mi música, porque cuando más o menos yo tenía su edad me encantaba AC/DC, Iron Maiden, Led Zeppelin, … y una lista interminable de grupos cercanos al blues, rock, heavy, un poco de country y una buena dosis de rock español. Un poco más tarde, llegaría un amalgama de estilos con los que siempre disfruté una barbaridad. En una época quizás algo más reflexiva me atrapó la Música Clásica. Lo que está claro es que “escuchar música” para mí siempre ha ejercido como un fantástico regulador emocional, como una herramienta indiscutiblemente socializadora, como una actividad de expresividad artística, como un facilitador e impulsor de la disciplina y la constancia y, en primera instancia, como una excusa permanente de disfrute hedonista.

Tenía muchas ganas de proponerle mi música, porque a día de hoy me sigue encantando al mismo nivel el disco “Powerage” de AC/DC que el Concierto para Violín y Orquesta de Tchaikovsky.

Pero como bien me dice mi esposa habitualmente “Alejandro, no se trata de ti”, se trataba de ella, de Hayate. Así que ahí me quedo gran parte de la sesión escuchando “su” música. El ejercicio de paciencia y de despojarse de los prejuicios, más aún, de los conocimientos técnicos es muy costoso. Yo soy un enamorado de la música desde bien pequeño. Además, en la actualidad ejerzo como profesor de música en educación primaria. Hablar de música para mí es una actividad espiritual.

Por eso, me cuesta un mundo cuando Hayate le da al “play” y empieza a sonar eso que ella llama música y que para mí no son más que ruidos. Algo cercano al reggeaton o como se escriba, quizás no tanto, mejor dicho algo de trap o de rap o de lo que sea. Lo cierto es que es difícilmente soportable.

Yo mantengo mi compostura, sin ocultar mi emoción primaria de “asco” pero sin menospreciar su elección. El equilibrio entre la sinceridad y el respeto. Y ahí, en ese preciso sucede momento sucede el milagro.

Hayate se avergüenza de lo que ha puesto. Y lo hace porque no pido quitar la canción, estoy dispuesto a quedarme quieto con la mayor de mis “escuchas activas” que pueda realizar ante tal esperpento de ruidos. Es ahí, cuando ella entiende que quiero “conocer su música” y es entonces cuando busca “otra”. Y no le resulta difícil porque lo tiene muy claro. Hayate me pone a su actual grupo de música favorito: 5 SECONDS TO MARS. Siendo sinceros, jamás en mi vida yo había escuchado ese nombre y ya me temía otro desastre más, pero la realidad es que mejora y muchísimo la primera propuesta. De hecho, hasta hay un momento que me gusta. Ella se vuelve a avergonzar porque literalmente es SU música. Y cuando me refiero a SU música, me refiero a que ella es una auténtica fan de este grupo, conoce los nombres de todos los miembros del grupo del mismo modo que yo sabía Angus era el pequeño, Malcom mayor que él, pero George tenía un grupazo en Australia antes de que los dos pequeños desencadenaran el terremoto que causaran en las antípodas a principios de los 70.

Escuchar 5 SECONDS TO MARS para Hayate fue literalmente como si estuviera escuchando su alma.

Las emociones estaban a flor de piel, se emocionaba con una canción, cambiaba a otra y se atisbaba algún inicio de eufórica locura, saltaba a la siguiente y la rabia ante las injusticias se evidenciaban en su rostro. En definitiva, Hayate estaba realizando un acto de generosidad muy grande al compartir sus emociones, SU música y lo que en un inicio para mí supuso un “esperpento” acabó resultando una herramienta valiosísima para comprenderla.


Da exactamente igual la edad que tengan sus hijos ahora mismo, 5 años o 23 años, le invito a que se siente con él o ella a escuchar con atención las propuestas musicales que le haga. Su hijo no se lo creerá y, lo normal es que en un punto le dé mucha vergüenza, porque le estará enseñando su lado más secreto.

Le propongo que deje de intentar establecer flujos de comunicación o dinámicas de relación asertivas. Le animo a que deje todo eso a un lado porque su hijo ya sabe lo que usted intenta. Le invito a que simplemente “invierta” mucho tiempo en sentarse con él o ella a escuchar con atención, con sinceridad y respeto SU música.


Porque la música de su hijo tiene mucho más que contarle sobre su interior que lo que sus palabras puedan expresar.


Pero tenga mucho cuidado, porque quizás se sorprenda cantando usted cosas que no esperaba, tal y como me pasó a mí, cuando en 2001 mientras fregaba los platos en nuestro pequeño piso en el Condado de Donegal mi entonces novia (esposa hoy) me “pilló” tarareando un hit- single lamentable de un grupo de chicos guapos de la época. Todavía a día de hoy me lo recuerda de vez en cuando.

Si no encuentra el momento adecuado para sentarse a escuchar música con su hijo, le propongo que lo haga mientras conduce. El coche, últimamente se ha convertido en ese espacio en el que los padres conducen como chóferes mientras los hijos se desnucan mirando el móvil. Bien, pruebe a proponer escuchar por los altavoces SU música.

Hayate sabía que iba a escribir sobre ella. Le enseñaré este artículo a ver qué le parece.

Lo que Hayate no sabe, al igual que tantas otras familias, es lo mucho que aprendo trabajando con ella.

 

En algún lugar a 5 segundos de aterrizar en Marte, 15 de junio de 2021.

Recomendación: 5 SECONDS TO MARS

Dedicado a Hayate.

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