En los últimos años nos ocupa mucho el analizar bien las dinámicas pedagógicas en las que nos vemos inmersos como sociedad. Desde hace no tanto desarrollé esta teoría educativa del péndulo que viene a argumentar las posibles causas de nuestro paradigma actual.
Antes de empezar con el desarrollo de la citada teoría educativa del péndulo es necesario situar y dibujar el escenario actual. Hoy en día nos encontramos con un disparatado número de conflictos familiares, de hijos que no respetan a sus padres, de matrimonios que no llegan a alcanzar la concordia en sus principios, de profesores que no sienten el respaldo de las familias, etc.…
Sin embargo, no se trata de dibujar un escenario lamentable, no en vano, como indico en mi primer libro “Cómo prevenir conflictos con adolescentes” en una de las citas, creo recordar que, de Sócrates, desde siempre se ha dicho que los adolescentes no respetan a sus padres, ni a sus maestros y acaban devorando la comida sin agradecimiento. La versión es mía, pero la realidad es que desde siempre se ha venido alzando la voz en relación con el desarrollo y cómo los paradigmas van cambiando “a peor”. Esta idea invalidaría mi teoría educativa del péndulo, o quizás no tanto. Veamos por qué.
La teoría educativa del péndulo se fundamenta en un movimiento de vaivén cuyo único fin es buscar desesperadamente el equilibrio inamovible, estático y de perfecta armonía. Claro, cuanto más lejano del centro se sitúa el objeto mayor fundamento tendrá la citada teoría educativa del péndulo tal y como podremos comprobar.
Cuando un estilo educativo ha desencadenado consecuencias catastróficas en el plano emocional, lo lógico es que cuando a esa persona “sufridora” le toque asumir un rol educativo intente alejarse lo máximo posible de ese estilo del que fue víctima. Es lógico, si a mí me han pegado sistemáticamente como modelo educativo principal, lo que pasará cuando yo sea madre o padre es que no quiera que a mis hijos queridos nadie les pegue y, por lo tanto, no sufran lo que yo sufrí. Es lógico. Es lógica aplastante.
Es decir, que lo que yo intentaré hacer es concentrarme en no imitar el modelo bajo el que tanto he sufrido y esto me llevará al otro extremo. Claro, bajo esta misma premisa puramente congruente, la teoría educativa del péndulo adquiere su máxima relevancia.
Me alejaré lo máximo posible de un modelo traumático para mí y en ese alejamiento, a menudo, nos “pasamos de frenada”. Es decir, la teoría educativa del péndulo viene a ponernos de manifiesto una clarísima señal de alarma.
La teoría educativa del péndulo quiere demostrarnos que, en nuestra búsqueda de la perfección, del equilibrio entre fortalezas y debilidades, al haber estado traumados o atemorizados por un sistema educativo claramente disfuncional lo que hacemos es alejarnos lo máximo posible de él.
Paradójicamente en ese querer alejarnos lo máximo posible nos vemos, súbitamente, inmersos y asentados en el extremo opuesto y ya sabemos que los extremos no son una buena idea en lo que a sistemas educativos se refiere.
En definitiva, la teoría educativa del péndulo lo que realmente está proponiendo es una pregunta, una cuestión de suma importancia
¿Podríamos estar experimentando dicha oscilación pendular en esta etapa de la historia de la sociedad y nos situamos en el extremo opuesto del que veníamos?
Según mi teoría tras un prolongado periodo de tiempo en la historia no ya solo de nuestro país, sino del mundo en general, en el que el estilo educativo predominante por excelencia ha sido el conformado por la mezcla perfecta del PUNITIVO y el AUTORITARIO, la sociedad en general está queriendo alejarse lo máximo posible de este ejemplo y según mi metáfora desarrollada en esta teoría educativa del péndulo, los estilos educativos están realizando un movimiento de huida y traslación hasta el extremo opuesto, donde nos encontraríamos con el estilo educativo actual, quizás el conformado por la unión del PROTECTOR y del DIPLOMÁTICO. Pero no en su forma natural, sino más bien en sus polaridades extremas, es decir el SOBREPROTECTOR y el EXCESIVAMENTE DIPLOMÁTICO.
Quizás nos encontremos ante una huida sana de aquellos modelos pedagógicos en los que el maestro dictaba sentencia y una sola mirada suya bastaba para amedrentar, y en los que cuando el padre abría la puerta de la casa el silencio reinaba en el hogar.
Quizás con todo el amor del mundo ante nuestros alumnos y alumnas, lo único que buscamos son innovadores modelos de enseñanza, pero estamos entregándoles a ellos la batuta con la dictan el volumen del sonido del aula.
Mi teoría educativa del péndulo sin duda debería ser revisada y contrastada por sociólogos, antropólogos, historiadores, psicólogos, filósofos, maestros veteranos y abuelos, porque ellos tienen un criterio digno de atender, pero verdaderamente confío en que compartiendo aquí mi punto de vista pueda generar reflexiones.
Hubo un tiempo en el que fui maestro de música en educación primaria, pude experimentar en mis propias experiencias que la teoría educativa del péndulo era sumamente fácil de explicar y bastante compleja de experimentar en la propia mesa del maestro. Es decir, intentar cambiar el paradigma educativo actual requiere de unidad y de unos esfuerzos titánicos para recorrer un camino que posiblemente esté mal visto en la actualidad.
La disciplina, la constancia, la perseverancia, el respeto absoluto, el trabajo duro en ningún caso deberían ser olvidados en este intento de huir de mecanismos autoritaristas del pasado.
Perdón por la distorsión del término.
En tiempos de Sócrates, a 3 de julio de 2024.
Dedicado a Luis y a Amadeo, por acudir a mis clases de música y abrir los oídos de mis alumnos/as.
Recomendación: 2º movimiento de la 7ª sinfonía de BEETHOVEN.
