Cuando estamos conviviendo con situaciones de violencia o agresividad en nuestra propia casa, la vida puede resultar una pesadilla.
En estos momentos de máxima tensión, en no pocas ocasiones buscamos soluciones desesperadas y al mismo tiempo nos preguntamos si sufre un hijo violento.
Como se puede comprobar ante esta pregunta tan dicotómica o, por llamarla de otra manera, tan contradictoria, la realidad es que nos encontramos conviviendo en una situación de alta tensión y estos niveles de estrés o de ansiedad mantenidos en el tiempo conllevan un grave deterioro en la salud.
Normalmente, cuando estamos inmersos en una fase en la que nuestro hijo adolescente está manteniendo conductas agresivas o violentas lo primero que se nos viene a la cabeza es encontrar esas soluciones eficaces y rápidas para que nuestro hijo deje estar como está, pero la realidad es que puede pasar por alto esta cuestión de si sufre un hijo violento.
No se trata de querer justificar ni excusar las conductas o actitudes de un hijo violento, más bien, lo que se trata es precisamente de entender sus comportamientos y actitudes, sus conductas y manifestaciones, porque lo está muy claro es que parece absolutamente “contra natura” que un hijo se posicione en la violencia o agresividad dentro del propio núcleo familiar. Y esto es sin lugar a duda una situación en la que todos los miembros de la unidad familiar sufren.
¿De verdad que sufre un hijo violento? No me lo creo
Sí, tal y como veremos más adelante por normal general sí sufre un hijo violento, lo que ocurre es que un porcentaje muy mínimo puede existir un hijo violento que no sufra, pero esto tiene un nivel de recurrencia extremadamente bajo.
Es decir, lo normal, lo común, lo profundamente general es que sí sufre un hijo violento. Vamos a analizar las razones.
En primer libro “Cómo prevenir conflictos con adolescentes” publicado en 2021 por Plataforma Editorial, realizo un exhaustivo análisis de las características de esta casuística del “Maltrato Intrafamiliar Ascendente”. Este ámbito es el delito en el que me especialicé desde 2005 hasta 2020, de los cuáles fui 12 años Técnico de Libertad Vigilada exclusivamente en este delito, en el Juzgado de Menores de Madrid.
En el libro, además de aportar una serie de estrategias y herramientas con las que aprender a prevenir conductas y actitudes violentas desarrollo un análisis de la diferencia entre violencia y agresividad. Si queremos entender si sufre un hijo violento, el primer requisito es entender la diferencia entre agresividad y violencia.
Tal y como también puedes aprender en el Curso Online, “Método Concordia” la principal diferencia entre ambos conceptos es la “intencionalidad”.
Es decir, las conductas agresivas nacen de una naturaleza reactiva. Esto quiere decir que una persona cree o considera que está siendo atacado por alguien y reacciona contraatacando. Donde otras personas se quedarían paralizadas o huirían, hay personas que atacan de vuelta. Cuando hablamos de hijos adolescentes lo que sucede es que sienten que están siendo atacados por sus padres y reaccionan con ataques. A esto, le llamamos agresividad dentro de la unidad familiar. No quiere decir, que los padres le estén atacando de verdad, quiere decir que el hijo interpreta que sus padres le atacan.
Con un ejemplo se podrá entender mejor: Un padre que insiste a su hijo en que a las diez de la noche debe dejar de jugar online con su maquinita, pero el hijo no la apaga por más que insiste el padre, hasta finalmente el padre desconecta el wifi y el hijo pierde la partida repentinamente.
Tienes muchos más ejemplos, todos ellos reales y de muchísimo mayor contenido emocional que este en mi segundo libro “Adolescencias reales desde dentro” publicado en 2023 por Plataforma Editorial. Se ahonda en profundidad por esta cuestión de si sufre un hijo violento.
La violencia nace de una naturaleza intencionada conscientemente. Es decir, la persona planifica una estrategia en la que utilizará la fuerza física o psicológica para alcanzar o conseguir un determinado fin o beneficio.
En contraposición con el ejemplo anterior donde la conducta es claramente agresiva, sería algo así como si ese hijo supiera que su padre a las diez de la noche va a pedirle que apague el videojuego, pero él les dice a sus amigos que no se preocupen que cuando el padre se acerque va a volverse loco a gritar y a insultar y como a su padre le va a dar miedo, conseguirá seguir jugando.
Como estamos viendo este ejemplo sería evidentemente distinto y mucho más preocupante que el primero de los ejemplos. Claro, pero si ha realizado ese ejercicio de planificación y es puramente consciente de lo que va a hacer, ¿cómo puede ser que nos planteemos esa pregunta? La de si sufre un hijo violento. La realidad es que sí sufre un hijo violento, veamos la razón principal.
Los psicólogos saben que una persona que pueda enmarcarse en el paraguas del “psicópata” es la única persona que verdaderamente es incapaz de realizar un ejercicio puro de empatía. Es decir, no siente ni padece, no sufre. Claro, si nuestro hijo fuera un psicópata ante el dilema de si sufre un hijo violento en este caso deberíamos responder que no. No sufre un hijo violento psicópata.
La buena noticia es que las probabilidades de tener un hijo psicópata son maravillosamente bajas. Si tienes dudas, por favor, consulta a la mayor inmediatez posible a un psicólogo clínico que pueda resolver tus dudas.
Por lo tanto, más allá de que en ocasiones un hijo mantenga conductas violentas y no tanto agresivas, no tiene nada que ver con que ese hijo sea incapaz de experimentar patrones de empatía normalizados. Es decir, es posible que haya aprendido que planificar estrategias violentas le repercuta ganancias. Si esto es así, entonces sugiero que pidas ayuda profesional a la mayor brevedad posible. Es necesaria una atención especializada.
Sin embargo, mi experiencia en despacho, así como el sostén técnico de mi trayectoria profesional ha dejado en evidencia que siempre sufre un hijo violento.
No sufre específicamente en el momento de obtener su recompensa. No, claro que no. Sufre y mucho cuando se analizar a posterior y cuando se evidencia la verdadera clave que está centrada en su incapacidad por conseguir sus objetivos de manera prosocial o pacífica.
Sufre un hijo violento cuando se da cuenta a posteriori del terrible daño y dolor que ha causado a las personas que más quiere. A sus familias.
Sufre un hijo violento cuando se visualiza desde fuera y es capaz de reconocerse como a un niño muy pequeñito presentando una pataleta de niño de dos años.
Sufre un hijo violento cuando se enfrenta a la realidad y ve que no tiene razón.
Sufre un hijo violento cuando aprende a desarrollar estrategias positivas y comprende el daño tan tremendo que ha originado.
Sufre un hijo violento cuando no es capaz de pedir perdón y
sigue ahogado en esa sensación de venganza producto del mal constructo de la realidad.
Si estás en una dinámica negativa en casa, consulta los contenidos proporcionados anteriormente y analiza si tu hijo presenta actitudes o conductas violentas o agresivas, pero puedes mantener la idea general de que detrás de esas circunstancias, hay un hijo que está sufriendo.
Lo dicen y lo manifiestan siempre en el despacho.
En el despacho a 21 de junio de 2024
Dedicado a todos aquellos que sufren y no quieren sufrir más.
Recomendación: “As the crow flies”, Rory Gallagher.
