Mi hijo me insulta, un problema que sufren multitud de padres y madres. Lo primero que hay que tener en cuenta es que cuando un hijo insulta a un padre o a una madre se trata de una conducta totalmente desajustada y que es contraria a la propia naturaleza de una familia.
No obstante, es necesario diferenciar bien las diferentes causas y situaciones en las que un determinado hijo presenta este acción. De nuevo y, como base fundamental de todos mis escritos y líneas de pensamiento vuelvo a recordar que no existe un manual debajo del brazo con el podamos ir aplicando consecuencias según las conductas de los adolescentes. Aléjese por favor de cualquier información que “dicte sentencia” o que oriente de una manera clara en una única dirección.

Existen líneas generales de actuación, pero seguirlas puede ser una trampa con consecuencias negativas. Cada caso debe atender a su individualidad. No es lo mismo que un hijo insulte a una madre a que otro hijo insulte a otra madre. Dos madres leyendo el mismo artículo aplicarían métodos diferentes con resultados distintos. En casos graves como un insulto de un hijo a un padre, se debe dar un paso más de introspección y análisis.
Todos tenemos diferentes formas de lidiar con situaciones difíciles, pero en casos graves como un insulto de un hijo a un padre, es importante tomar un enfoque reflexivo y analítico. No hay una solución universal para este tipo de comportamiento, ya que cada caso es único y requiere una atención individualizada. Se deben considerar factores como la relación entre el padre y el hijo, las circunstancias que llevaron al insulto y los posibles problemas subyacentes. Tomar medidas inmediatas para abordar el incidente y buscar ayuda profesional pueden ser pasos importantes en la resolución de esta situación.
Por lo tanto, sí, infórmese y fórmese pero siempre mantenga una actitud crítica con cada información a la que acceda. No es lo mismo leer a Nietzsche que a Schopenhauer, no es lo mismo guiarse continuamente por Aristóteles que por Platón. Todos tienen conceptos que aportarnos y puntos de vista distintos, con nexos en común y con distancias siderales en sus acepciones, pero ya puede entender que la lectura de cualquier propuesta de actuación debe ser siempre analizada y criticada por usted mismo y confrontada con sus propias creencias. Escoger un solo extracto de “algo” y llevarlo a cabo no es el mejor camino.
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Desde mi punto de vista hay tres errores fundamentales que la mayoría de los padres cometen cuando se enfrentan a la situación de “mi hijo me insulta”. Es absolutamente normal. Yo como profesional he caído en ellos, así que no lo expongo para señalar o apuntar con el dedo a nadie porque yo mismo he tropezado en esta misma piedra de manera reiterada. Es importantísimo que estos 3 errores estén subrayados y que usted se acuerde bien de ellos porque serán el secreto de mejorar la relación con su hijo.
3 Errores a solventar cuanto mi hijo me insulta
1.- Evitar enfrentarse al insulto o al episodio agresivo
Es decir, lo normal cuando se inicia esta conducta en uno de nuestros hijos es no atenderla realmente. Con esto me refiero a que por supuesto doy por sentado que el hijo recibe el correspondiente reproche o indicación de la barbaridad que ha ocurrido, pero la realidad es que uno de los errores más comunes es que con asombroso poco tiempo de recorrido, el insulto del adolescente deja de ser novedad y parece instaurarse como una normalidad. Es aquí donde puede darse el primero de los errores fundamentales. No debe existir ni un solo insulto por parte de un hijo (da igual la edad que tenga, 4 años, 16 años o 32 años) que no merezca detener cualquier escenario en el que estemos para atender directamente al insulto. Es decir, cualquier actividad en la que nos encontremos debe ser interrumpida para poner de manifiesto el tremendo episodio que se acaba de vivir. Cuando no paramos en seco y lo atendemos, la conducta comienza a gozar de un falso sentido de impunidad, el famoso “bueno, no es para tanto, solo te he llamado ….” Es entonces cuando el siguiente paso está listo para llegar, es decir una agresión más grave.
2.- Centrarte en conseguir que tu hijo pare de insultar
Una vez que es evidente para todos los miembros de la unidad familiar que se está insultando a un padre, el error más común es llevar a cabo acciones para que el hijo deje de insultar definitivamente. Sí, por supuesto que es necesario realizar este paso, obviamente, pero el error que quiero remarcar va más allá. La actuación contraproducente es quedarnos solamente en ese intento de establecer castigos o consecuencias a ese insulto con el fin de que no se repita. La mirada del padre, la acción educativa debe ir uno o dos pasos más lejos porque si no, se trata de un “parche” a una conducta puntual. Cuando un hijo insulta a un padre está mandando un mensaje directo a ese padre. La responsabilidad del padre es enseñar a ese hijo que no se debe insultar, pero también y no menos importante es descifrar y entender el mensaje de su hijo. El adolescente que insulta a un padre, más allá de ser un maleducado, está manifestando una necesidad no cubierta en la mayoría de los casos. Hay un porcentaje de casos más aislados y graves que podría estar manteniendo una conducta premeditadamente violenta. En mi libro “Cómo prevenir conflictos con adolescentes” profundizo en este escenario.
3.- Responder con más insultos
La verdad es que no quiero explicar este tercer error por causas evidentes. No es menester desarrollar los efectos contraproducentes que supone el insulto de un padre a su hijo, sea cual sea la situación. Sin embargo, debo subrayar que en ocasiones la frustración y la profunda tristeza al escuchar cómo un hijo insulta puede sumir a cualquiera de nosotros en un estado de ira incontrolable con consecuencias muy desafortunadas. Simplemente, añadiré, que a pesar de poder entenderse cualquiera de los escenarios, (he trabajado con situaciones muy extremas) la realidad es que somos el ejemplo primario para nuestros hijos. No insulte. Nunca. Y si lo hace sea usted un ejemplo en el mismo instante de reconocer y reajustar su conducta.
No se trata de qué hacer para que un hijo deje de insultar, se trata de analizar las razones de por qué se ha llegado hasta esa situación.
Se trata de no dejarlo pasar. De atender la gravedad de la situación.
Se trata de entender qué le pasa a ese hijo.
Plaza de España, 1 de febrero de 2021.
Dedicado a “Álex …..”, no recuerdo el apellido. (Total coincidencia en el nombre) Hace años una persona me insultó en la calle, me quedé perplejo y un ciudadano llamado Álex me ayudó muchísimo. Álex no dejó pasar la situación. Dedicado a ti, quienquiera que seas.
Recomendación: 5ª sinfonía de Mahler.
