Alejandro Rodrigo

Mi hijo adolescente no va a clase

Cuando hablamos de “mi hijo adolescente no va a clase” de manera constante, existe un problema mayor y los problemas de gran magnitud requieren atención urgente. Que no tiene nada que ver con momentos o etapas de bajo nivel de motivación, de desánimo o de pereza.

En estas circunstancias cada segundo cuenta, cada día que pase sin ir a clase es un día perdido, un paso atrás. La buena noticia es que la mayoría de las veces tiene solución, pero desde luego no servirán de nada intentar aplicar simplemente las estrategias archiconocidas de hablar más con él, de establecer escucha activa y mucha empatía, de saber que no hay castigarle por ello, de no frustrarnos como padres, ni tantas de esas cosas que ya conocemos todos de sobra. Son buenas estrategias, pero solo cuando se trata de un caso puntual. Por el contrario cuando estamos abordando una dinámica ya instaurada de absentismo, entonces ya llegamos tarde con esas estrategias. La razón es evidente, son técnicas y estrategias para el nivel anterior, cuando ya lo hemos superado entonces continuar con las mismas herramientas educativas no solo no son efectivas, sino que incluso podrían ser contraproducentes, ya que alejarán a nuestro hijo de nosotros debido a que no le estamos entendiendo.

No lo dicen, pero se sienten tremendamente incomprendidos.

Por lo tanto, es importante, es vital, es fundamental lo primero de todo analizar si está en el primer escenario de pereza y baja motivación puntual o en un segundo escenario de absentismo escolar.

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Como en todas y cada una de las entradas de este blog, el contenido de cada escrito no se centra en aportar soluciones. Si fuera así, entonces probablemente el ejercicio de la paternidad y de la maternidad sería bastante triste. Sería como introducir los alimentos o ingredientes en el robot de cocina y ya no seríamos capaces de diferenciar si las lentejas son las de papá o las de la abuela. Ser capaces de convertirnos en unos padres auténticos y únicos es la primera de las claves. Un padre y una madre genuinos en el fondo son los primeros agentes capaces de interpretar correctamente las señales que su hijo está lanzando.

Por lo tanto, por favor, no apliques técnicas que puedas encontrar en cualquier portal bonito y bien diseñado de internet, antes de aplicar cualquier estrategia hay que estudiar y analizar bien las características de nuestro hijo en concreto. Si no es así, al final simplemente estaremos confundiendo a nuestro hijo con un ingrediente más de la cocina.

Mantén una actitud de continua crítica con el contenido que puedas leer.  Será diferenciador el ser capaz de centrarnos en el contenido de calidad y que invite a la reflexión, para alejarnos y no consumir el contenido de vanalidades y obviedades que solo buscan nuestra atención y click.

De tal manera, que el primer paso es ser capaces de diferenciar si nuestro hijo se encuentra en una situación de pereza y desmotivación temporal o en un escenario de absentismo y rechazo a la actividad académica.

El segundo paso es plantearnos si está desarrollándose “por debajo” una dificultad o patología a nivel psicológico. En los casos de jóvenes que rechazan ir al centro de estudios y que poco a poco se encierran en su habitación, en no pocas ocasiones empiezan a detectarse compatibilidades con procesos depresivos. Si creemos que pudiera cuadrar con esta hipótesis es nuestra responsabilidad pedir ayuda especiliazada.

El tercer paso es entender que el problema no es de nuestro hijo. Es un problema a tres bandas. Por un lado, personal de nuestro hijo; por otro lado es un problema de la unidad familiar; finalmente es un problema del centro de estudios. Por ello, y como no puede ser de otra manera, la unificación de los criterios y estrategia con el centro de estudios es casi de obligado cumplimiento. No quiere decir que con esta alianza “familia / centro de estudios” nuestro hijo estará salvado. No. Lo que quiere decir es que esta alianza es un paso más a tener en cuenta.

El cuarto y fundamental paso es entender la siguiente doble hipótesis:

  1. En ocasiones, si la percepción de nuestro hijo es de fracaso escolar, hay una doble salida para liberar tanta presión. O bien decide ser el malo de la clase y presentar conductas negativas / disruptivas y desafiantes, o bien deciden que para ser el tonto de la clase, mejor se quedan en casa.
  2. En ocasiones, pasar en el colegio o instituto toda una jornada lectiva y sentirse en la más profunda soledad supone un rechazo visceral al propio edificio. Por ello, cuando un alumno se siente solo, sin amigos de verdad, en un contexto en el que todo el mundo está feliz y rodeado de relaciones sociales, en ese momento es preferible quedarse debajo de las sábanas, ya que ahí al menos nadie le ve.

Si tu hijo no está asistiendo a clases, pueden existir otras variables a tener en cuenta, como se sienta acosado por otro grupo de iguales, como que realmente la elección del centro de estudios no haya sido la acertada, como que no esté preparado para los estudios elegidos, como que esté manipulando su asistencia para conseguir cosas, … sea lo que fuera son casos más excepcionales y que requieren una respuesta educativa, pero lo terapéutico, lo útil, el contenido de calidad y que sirve como estrategia para descifrar la problemática real es analizar todo el contenido previo. Los cuatro pasos citados.

Un adolescente, aunque diga de palabra lo contrario, cuando está en su centro de estudios es un joven feliz, porque está socializando con sus iguales.

Cuando está en casa, en la soledad de su habitación en horario escolar, es un joven infeliz porque se siente aislado.

                              En Howarts, a 21 de noviembre de 2023.

Dedicado a J.K.Rowling, nunca leí su saga y ahora que he empezado “ La piedra filosofal” estoy disfrutando como un niño en el colegio.

Recomendación: Evidentemente, la banda sonora de sus películas.

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