Alejandro Rodrigo

Divorcio con hijos adolescentes

Si el matrimonio y el nacimiento de un hijo son los máximos exponentes de la felicidad en el ámbito familiar, podemos afirmar que el divorcio supone un traumatismo.

Quiero compartir en este escrito la única clave sólida e innegociable cuando abordamos un divorcio con hijos adolescentes:

“NO ME HAGÁIS PRISIONERO DE VUESTRAS CULPAS”

nino llorando

Tienes la clave más adelante, pero antes debemos adentrarnos en conceptos que nos ayudarán a situarnos. La palabra “traumatismo” procede seguramente de la lengua antigua griega y significa la “acción de herir” y es que, en este sentido, cuando asociamos el término traumatismo al concepto de divorcio lo que se quiere indicar es que un divorcio, una separación, supone la ruptura de esa idea que un día fue la bandera de nuestra vida, es decir, la construcción de una familia.

Si el divorcio conlleva la ruptura de cualquier pareja, cuando existen hijos entonces es mayor el dolor, pero precisamente un divorcio con hijos adolescentes supone un nivel mayor de complejidad, debido a las características específicas de la adolescencia que es esa fase en la que se están construyendo los cimientos éticos, morales y filosóficos de todo ser humano que aspira a convertirse en adulto.

Por lo tanto, atravesar un divorcio con hijos adolescentes es un reto titánico que tiene un doble objetivo.

El primero es conseguir que el proceso no acabe traumatizando a nuestros hijos.

El segundo es conseguir que el proceso no acabe traumatizando a ninguno de las dos personas que se separan.

Teniendo esto en cuenta, es importante volver a releer y examinar por qué he posicionado en primer lugar, en el primer objetivo, a los hijos. ¿Por qué no lo hecho al revés? Primero el matrimonio y si todo no sale bien, entonces pasamos a los hijos. ¿Por qué no de ese modo? Porque sin lugar a duda, la reconstrucción de la vida de un adulto que rompe una relación de pareja será bastante difícil, pero es muy posible que pueda juntarse con una nueva pareja y mantener ese amor romántico, solo que con otra persona. Sin embargo, para los hijos, “padre y madre solo hay uno”. Es más complejo para los hijos aceptar las nuevas parejas que llegan a adoptar o a suplantar los roles paternos y maternos. Por supuesto que se pueden aceptar y, de hecho, hoy en día se aceptan cada vez más, pero la realidad es que resulta un ejercicio muy complejo.

Sin embargo, no se trata de aceptar o no a las nuevas parejas que los padres formen, eso tendrá lugar o no más adelante, se trata más bien de saber cómo afrontar y gestionar un proceso de divorcio para que no arruine la vida emocional de nuestros hijos, una vez que la convivencia ya es imposible.

Si navegas por la web e intentas encontrar información que te ayude en esta situación tan dolorosa, encontrarás cientos de consejos, orientaciones, ideas y demás conceptos que pautan de manera clara y concisa ciertos pasos para ayudarte en el proceso de divorcio con hijos adolescentes.
Seguramente accederás a ideas tan evidentes como respetar los tiempos de aceptación de tus hijos o anticiparles el proceso de separación o confirmarles el amor incondicional de ambos padres o explicarles que ellos como hijos no tienen la culpa,….por supuesto que son consejos muy oportunos y buenos, pero la realidad es que si estás leyendo este escrito y me conoces ya podrás anticipar que siempre intento profundizar un paso más allá y que todos mis conceptos que comparto son extraídos de casi 20 años de experiencia que está especializada en los adolescentes envueltos en dinámicas familiares complejas.

Por todo ello, quiero compartir contigo la única clave que he podido comprobar que es innegociable en un proceso de divorcio con hijos adolescentes si lo que deseamos es que nuestros hijos sufran lo menos posible o, al menos, que no queden traumatizados para el resto de sus vidas.

Esta clave está claramente ubicada en el matiz de no hablar nunca mal del cónyuge.

Antes de adentrarnos en las excepciones que sin duda ya habrás encontrado en tu mente, te propongo ahondar en esta clave prioritaria. Para ello, la estrategia más fácil es ponernos en la piel de un adolescente que está inmerso justo en esta dinámica de ruptura familiar.

Pongamos que nuestro protagonista tiene 14 años. Imaginemos que lleva soportando desde siempre una relación de sus padres que de base estaba mal construida, ellos le cuentan que sí que se quisieron locamente cuando eran jóvenes, pero que si las presiones laborales, que si la esclavitud de la maternidad y paternidad, que si las pocas ayudas familiares, que si la pérdida del tiempo de pareja, que al final ya no había tanto amor y que había que ser honestos y que para acabar mal, mejor se terminaba la relación, pero que no pasaría nada porque iba verles a los dos, madre y padre, que no le iban a dejar de querer y que él no tenía nada de culpa. Ni él, ni su hermano pequeño, que este divorcio con hijos adolescentes iba ser lo mejor dentro de lo malo.

Entendamos que para este chico lo único verdaderamente valioso cuando nos enfrentamos a un divorcio con hijos adolescentes, la única verdad dentro de esta pantomima de razonamientos es la siguiente:

Un buen día mi madre y mi padre se querían. Tuvieron sexo y me trajeron al mundo. Yo soy fruto de la unión física y romántica de los dos. Me dijeron que íbamos a estar siempre juntos, pero hoy de repente ya no se quieren y lo peor de todo es que dicen que se quieren solo que en otro sentido, pero no paran de recriminarse el uno al otro continuamente. De palabra dicen que no quieren hablar mal del otro, pero cuando se les olvida sueltan improperios y lo peor de todo es que en su mirada se distingue claramente el desprecio y el rencor hacia el otro. Así que un día se querían y hoy ya no se quieren.

Si un día yo fui el fruto del amor entre ellos y hoy ese amor se rompe… ¿quién soy yo?

Cuando existe un divorcio con hijos adolescentes la única clave innegociable es:

NO HABLAR MAL DEL OTRO CÓNYUGE.
MEJOR DICHO, HABLAR BIEN DEL OTRO CÓNYUGE ES PROFUNDAMENTE TERAPÉUTICO PARA NUESTRO HIJO ADOLESCENTE.

¿Hay excepciones? Por supuesto y para ello, solo hay que apuntar los casos de violencia de género o aquellos otros casos en los que uno de los adultos ha agredido a los hijos, pero de nuevo, esto son excepciones.

Si en tu casa estáis viviendo un proceso de divorcio con hijos adolescentes, por favor, accede a bibliografía que contenga información de calidad, en este sentido por ejemplo te recomiendo el libro “El divorcio que nos une” y siempre recomiendo para todo lo que tenga que ver con el amor, la obra de Erich Fromm “El arte de amar”.

Además, por la web encontrarás mucha información como hemos descrito anteriormente con pautas que, generalmente, son muy acertadas, pero la realidad, lo que he podido contrastar en despacho es que a los hijos no les duele tanto el hecho de se dé un divorcio con hijos adolescentes (que por supuesto que sí) sino que en el proceso de esa ruptura o en el desarrollo de la vida lo que les rompe el corazón es que papá hable mal de mamá y que mamá hable mal de papá.

Hace 14 años os queríais y yo fui la recompensa de vuestro amor.
Hoy vuestro amor no existe, pero por lo menos necesito para vivir comprobar que os reconocéis como aquella persona a la que amasteis y que reconocéis que es el mejor padre y la mejor madre para mí.
No me hagáis prisionero de vuestras culpas.

En la soledad de mi habitación de adolescente a 6 de abril de 2024.

Dedicado a todas las madres y padres divorciados que se siguen sonriendo en mi despacho bajo la atenta mirada de sus hijos adolescentes.

Recomendación musical: “All my love” Led Zeppelin

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