Alejandro Rodrigo

Debates con adolescentes. 5 claves a tener en cuenta

Somos conscientes de que la adolescencia es una etapa de autoafirmación. Es decir, el chico o chica adolescente lo que está intentando es separarse de sus padres y para ello, es necesario saber quién es. De otro modo, quedaría abandonado a la deriva de la fortuna.

Esta es la razón por la que en nuestra labor como madre o padre los debates con adolescentes cobran una importancia máxima en ese proceso de encontrarse a sí mismos.

Imaginemos a un chico que ha pasado los primeros 12 años de su vida en casa, junto a sus padres o adultos de referencia, bien protegido en su colegio, en su hogar, con sus amistades, con sus aficiones, con sus miedos y con sus fortalezas. Visualicemos a este chico que poco a poco, pero de manera frenética empieza a detectar cómo su cuerpo empieza a cambiar. Esos cambios físicos y hormonales. Esos propios debates con adolescentes. Se para delante del espejo a cepillarse los dientes y, repente, hay un prominente bigote que ayer no tenía. Imaginemos a esa niña que ya no es una niña sino el proyecto de la mujer en la que está convirtiendo desde hace ya tiempo.

Ese espejo es la primera herramienta de esos debates con adolescentes. ¿Por qué? Porque ellos mismos empiezan a confrontar con ellos mismos la realidad. Ayer no había pelillos en el bigote y hoy hay muchos.

¿Qué hago? ¿Me afeito? No mejor no, no vaya a ser que se rían de mí, mmm no sé qué hacer. Este es el primer escenario de pura contradicción, porque quieren hacerse mayores, pero al mismo tiempo les da mucho miedo. En ninguno de los debates con adolescentes que podamos mantener, nuestro hijo o hija nos va a confesar el miedo y pánico que siente por hacerse mayor. Ya cuando tenían 8 años nos decían que querían hacerse mayores y que ya no eran pequeños, pero al mismo tiempo en la intimidad del hogar nos regalaban un “mamá, yo no quiero hacerme mayor”, sin embargo, ahora mismo ya no hay alternativa, ya hay una sombra delatora encima del labio, ya hay un olor corporal que nos da una bofetada de realidad.

Esta escena descrita anteriormente viene a reflejarnos que es el momento en que nuestros hijos necesitan conocer y saber quiénes son porque la naturaleza les lanza precipitadamente a la pubertad y la sociedad a esto que llamamos adolescencia. Nos adentramos en los debates con adolescentes sin posibilidad de escapar.

Si necesitan conocerse no hay nada mejor que pelearse consigo mismo y para soportar esa tensión lo que normalmente hace el adolescente promedio es ensayar antes con un tercero.

Enhorabuena, porque si estás enfrascado en continuos debates con adolescentes es que tu hijo o hija te ha elegido y eso es una suerte a la que no estamos acostumbrados a mirar a los ojos. Es decir, en el fondo no hay mejor regalo en la vida que la maternidad y la paternidad. El hecho de que lo que más queremos en este mundo nos elija de entre todas las personas para ensayar y aprender a luchar quiere decir que en un punto nos necesita, nos admira, en definitiva, nos ama.

debates con adolescentes 1

Por supuesto, que existen las malditas excepciones en esos debates con adolescentes, pero la realidad en el común general de los casos es que si un hijo empuja a su madre y a su padre a eternos debates con adolescentes lo que está haciendo es pedirles que sean referentes. Que sean sus maestros. Por supuesto, las excepciones, sí, pero las excepciones son eso, excepciones. Centrémonos en el global y admitamos nuestro rol de ser queridos y asumamos la titánica tarea y responsabilidad de ayudarles y orientarles en el aprendizaje de aprender a debatir porque lo que harán a continuación si está bien realizado el proceso será cuestionarse a sí mismos en toda regla. Y de ahí, lo que obtendremos es un adolescente preparado para la vida adulta.

Las adolescencias no resueltas suponen una lacra para durante toda la adultez.
Los debates con adolescentes son necesarios precisamente para ellos mismos.

Si existen pautas que puedan ayudarte a reflexionar cuando veas aproximarse esos debates con adolescentes, desde mi experiencia estas cinco que comparto aquí contigo han resultado ser siempre las más útiles. No las leas con el simplismo infantil, acuérdate de que fuiste un adolescente en su día, revisa si fuiste capaz de resolver tu adolescencia y cerrarla adecuadamente y a continuación lánzate a estas cinco claves.
Feliz reflexión.

  1. Somos el modelo del que aprenden. Siempre argumentado desde la misma premisa. Tu hijo te necesita. Eres el espejo en el que se mira. Si insultas, si eres intransigente, si tienes miedo en el debate, si claudicas, si impones, si escuchas, si reflexionas, si pegas, si ironizas, si te escondes, si huyes, si luchas, si…todo lo que hagas será un modelo para tu hijo. No eres culpable de ser como eres, pero sí eres responsable de ser el mejor modelo para tu hijo. Si no vas a ser capaz, pide ayuda. Ya.
  2. No importa el contenido, sino la estrategia. Imaginemos que el debate o la discusión ética o moral o filosófica está centrada en la política. Siempre he podido ver lo mismo, no se trata de tumbar sus creencias para imponer nuestro criterio político, se trata de atender y examinar su capacidad argumental. Lo relevante es acompañarle en el proceso de construir sus ideas y argumentos, el contenido ahora mismo nos da igual. Lo relevante es que sea capaz de profundizar y de saber detectar cuando se equivoca o incluso cuando no está de acuerdo con lo que él o ella misma acaba de decir. Muy importante este último punto.
  3. Líneas rojas y negras. Dentro de esta argumentación en los debates con adolescentes, sin embargo, somos responsables como los adultos modelos que somos para ellos de limitar. Es decir, hay líneas rojas que son las que están cerca de situaciones de peligro y las líneas negras que son aquellos lugares en los que no aceptables los argumentos. Son criterios muy difíciles, pero que con un poco de sentido de común se evidencian claramente y nuestra responsabilidad es contener y limitar, por ejemplo: La mutilación genital femenina infantil es una atrocidad que no tiene debate. ¿verdad?
  4. Observar cómo debate con terceros. Las visitas en el hogar de familiares o amistades tienen un valor exponencial. Si somos capaces de observar y analizar cómo argumenta nuestro hijo con terceros podemos extraer un aprendizaje monumental. Ver y observar. Un ejemplo muy claro son esas comidas o cenas o reuniones familiares, donde podremos ver cómo nuestro hijo argumenta y discute con ese tío que tiene que … al parecer no debió superar bien su propia adolescencia.
  5. Hacer visibles sus contradicciones sin aplastarle. Es absolutamente normal que, en este proceso de aprendizaje, en estos debates con adolescentes, nuestros hijos modifiquen su criterio súbitamente y sin mucho argumento. Lo he visto cientos de veces. Adolescentes que defienden ideales y parece que darían la vida por ellos, y que al transcurrir de las semanas se posicionan en el otro punto. He visto a chicos amantes de la carne roja y cómo realizaban un proceso transformador alimenticio para venir felices a mis sesiones a compartir sus aprendizajes. No se trata de ironizar ni hacer burla de lo que pensaba hace dos semanas, se trata de entender que está aprendiendo y experimentando, se trata de señalar y recordar de dónde venían ideológicamente porque así será capaz de seguir evolucionando.

¿Quieres un hijo anclado y esclavo del primer ideal que le arrebatara la psique o prefieres un hijo capaz de evolucionar hacia la libertad?

imponer

En los debates con adolescentes no son ellos los que aprenden, sino que somos nosotros quienes también confrontamos con nuestro yo del pasado y quienes tenemos la oportunidad de disfrutar el proceso de madurez de nuestros amados hijos.

Felices reuniones familiares.

En la mesa de la casa de mi tío, a 12 de abril de 2024

Dedicado a todos los adolescentes que han tumbado mis ideales y creencias en esos eternos y pasionales debates con adolescentes

Recomendación: Beethoven, siempre él.

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