Alejandro Rodrigo

¿Debo comprar a mi hijo preservativos? 3 errores fundamentales

Una de las cuestiones que más incomodan a los padres y madres de hijos adolescentes y preadolescentes es el momento de hablar con ellos de las relaciones sexuales y, en este contexto, la pregunta relacionada con comprar a mi hijo preservativos es una de las más comunes.

Sin embargo, tal y como podremos analizar durante la lectura de esta nueva entrada en el blog, quizás esta no sea la más importante de las dudas o preguntas a las que nos podamos enfrentar, sino que más bien es una pregunta trampa porque comprar a mi hijo preservativos desvía el foco de atención de lo importante.

Me refiero a que es una cuestión trampa porque el tiempo empleado en valorar el comprar a mi hijo preservativos o no sufragarle ese gasto es tiempo que estamos restando a otras tres cuestiones muy importantes, podríamos llegar a decir que, incluso, son más importantes que esa duda de comprar a mi hijo preservativos.

Pero antes de empezar a desglosar los errores comunes, los asociados con olvidarnos de abordar esos tres temas, es muy importante destacar una premisa fundamental cuando tratamos el asunto del uso de preservativos o condones, da igual el término.

Es más, podríamos consensuar que daría lo mismo el método de protección o anticonceptivo del que estemos hablando, en este caso citamos el comprar a mi hijo preservativos, pero muy bien podríamos hablar de comprarlos para nuestra hija, ¿verdad? Podríamos también abordar el aspecto de acompañar a nuestra hija a informarse en los servicios de ginecología del uso, beneficios y efectos adversos de la “píldora anticonceptiva”. Como podemos ver, no se trata en exclusiva del método anticonceptivo del preservativo, se trata de todos y cada uno de ellos en general, si bien es cierto que el condón o preservativo es uno de los más usados y conocidos en la actualidad, de ahí que la pregunta se repita vez tras vez, Alejandro, ¿debo comprar a mi hijo preservativos?

La premisa que adelantaba anteriormente está centrada en el sentido más amplio del concepto de que “prima el criterio personal”. Es decir, cuando se aborda el ámbito de los métodos anticonceptivos mi postura siempre ha sido la misma en todos los años de intervención y es en primer lugar analizar la postura de cada uno de los agentes intervinientes. A saber, las figuras adultas que normalmente son la madre y el padre, el hijo adolescente y la persona con la que mantiene relaciones sexuales en los casos en los que esa persona sea la pareja estable. Es evidente que, si no existe pareja estable, entonces me centro en los dos adultos (si los hay) y en el hijo o hija adolescente.

Bien, por lo tanto, cuando me refiero a que prima el criterio personal, me refiero a que tanto la sexualidad como el uso o no de los métodos anticonceptivos conllevan una alta carga de sensibilidad ética, moral, filosófica, educativa, religiosa y hasta política que ya de por sí solas podrían dar respuesta al dilema de comprar a mi hijo preservativos.

Como decía antes, cuando un padre o una madre me trasladan la pregunta de si deben comprar a mi hijo preservativos la primera actuación que realizo es comprender y entender las posiciones éticas, morales, filosóficas, educativas, religiosas y hasta políticas de estos padres y de este adolescente.

condon femenino

Preservativos femeninos

Por supuesto que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia postura en estos ámbitos, y dada que son nuestras creemos que son las mejores, pero la realidad es que he tenido la grandísima suerte de trabajar desde el año 2005 con una cantidad incontable de adolescentes y sus familias que presentaban muy diversos y diferentes criterios. Puedo confirmar aquí, que cuando la respuesta de los profesionales ha sido la de intentar “dictar sentencia” e imponer su propio criterio al de los padres o hijos entonces la intervención ha concluido siendo un fracaso. ¿Por qué? Porque este es uno de los errores más básicos e infantiles de los profesionales, el de intentar imponer sus criterios sobre los de los demás. Sobre este aspecto hablo con detalle en mi segundo libro publicado en septiembre de 2024, “Adolescencias reales desde dentro”.

Por supuesto, que cuando nos dedicamos a la intervención social y a la actuación reeducativa existen numerosos aspectos que sí requieren la imposición de un criterio común. Evidentemente el hecho de comprar a mi hijo preservativos no encaja realmente, pudiera parecer que sí es algo muy de sentido común, pero no lo es en realidad. De hecho, comparto aquí unos cuantos ejemplos en los que no tienen cabida el debate:

  • La mutilación genital femenina infantil
  • El nazismo
  • El abuso sexual infantil
  • La violación
  • La violencia de género

Es evidente que hay casos en los que se requiere la erradicación y reconducción de conductas, pero hay otros muchos aspectos en los que el criterio personal prima por encima de los del profesional, si el aspecto de comprar a mi hijo preservativos tuviera el peso específico de los anteriores, entonces sería otro el abordaje.

Voy a poner un ejemplo de otro ámbito bien diferente a este de comprar a mi hijo preservativos y que está centrado en la distinta tipología de centros educativos. He trabajado y colaborado con muchos y distintos centros educativos, algunos de ellos apoteósicamente maravillosos, otros de ellos con evidentes aspectos de mejora, pero la realidad es que no se podría dictar sentencia sobre cuáles son los mejores y únicos poseedores de la verdad pedagógica. He colaborado con centros públicos laicos maravillosos, con centros concertados católicos maravillosos y con centros privados de pedagogías alternativas maravillosos. Claro, nada de esto tiene que ver con comprar a mi hijo preservativos o quizás en realidad y en el fondo…pueda ser.

¿Debería un profesional imponer su propio criterio a un adolescente o a su familia respecto a los centros educativos? Ciertamente no. De hecho, lo que los profesionales congruentes realizan es esta labor de analizar, estudiar y comprender los criterios de una familia y, una vez detectados, apoyar en su línea filosófica ya que de esta manera se obtendrán los mejores resultados. ¿El profesional qué hace en su vida ante la pregunta de comprar a mi hijo preservativos?

Por lo tanto, cuando una madre o padre expone en sesión si debo comprar a mi hijo adolescente preservativos, el primer paso innegociable debería ser conocer la postura de la familia respecto a las relaciones sexuales y respecto al uso de los métodos anticonceptivos.

Una vez tenido esto en cuenta, es momento de dar respuesta a la pregunta de comprar a mi hijo preservativos para inmediatamente pasar a esos tres aspectos que a menudo son olvidados.

La respuesta a la pregunta de si debemos comprar a mi hijo preservativos es siempre la misma: Es indiferente, en el fondo da igual. No es relevante, si os parece bien sí, por supuesto, si no estáis a favor, entonces no, de ninguna manera.

Lo relevante aquí, una vez hemos llegado al punto de valorar si comprar a mi hijo preservativos es que demos luz a que las conductas y relaciones sexuales han llegado a la dinámica personal y social de nuestro hijo o hija para quedarse y desde ahora ya será siempre o casi siempre un tema presente.

Ante esta circunstancia, pasemos ahora a valorar esos errores comunes que cometemos al olvidarnos de los tres ámbitos importantes y estar centrados exclusivamente en la pregunta de comprar a mi hijo preservativos.

comprar a mi hijo preservativos

El primero de ellos es la prevención de la violencia sexual. Dos personas “hacen cosas sexuales” solo cuando esas dos personas quieren hacer esas cosas específicas. Entiendo que no hace falta explicar más este primer error, a estas alturas como sociedad parece que ya tenemos muy claro e interiorizado que las relaciones sexuales solo tienen cabida bajo el consentimiento y el deseo de ambas personas. Hay muchísima información y contenido de calidad en la red sobre ello, entiendo que no hace falta aportar más información sobre ello.

El segundo de ellos es la importancia del visionado de pornografía. En efecto, los teléfonos móviles están suponiendo una lacra en lo que a contenido sexual explícito se refiere. Nuestros hijos consumen pornografía cada vez a menor edad. De nuevo, no insistiré en este aspecto, pero es necesario que subraye dos conceptos importantes. Si tu hijo tiene un dispositivo móvil entonces (casi seguro) ya ha consumido material pornográfico. ¿Y qué más da? ¿Por qué es malo? Por dos razones.

  1. Porque las relaciones sexuales pornográficas no son reales y nuestros hijos confunden ese visionado con lo que esperan que suceda luego en los encuentros reales sexuales que tengan. La frustración y la ira hacen su aparición entonces de manera súbita.
  2. Porque el contenido explícito pornográfico en el 99,99% es predominantemente machista. Si quieres discutimos el porcentaje, pero en definitiva sería una discusión estéril. El contenido final se entiende. Espero.

El tercero de ellos es la proyección a futuro (9 meses) de las necesidades económicas que requerirán tener un hijo. Desde mi experiencia en despacho durante casi ya 20 años puedo confirmar que ni el chico ni la chica adolescentes son capaces de ser conscientes de lo que supondría la llegada de un bebé a sus vidas. Da igual la edad que tengan ellos como padres. Tampoco les afecta la idea de las enfermedades de transmisión sexual. En un punto es entendible, en la adolescencia hay una clara evasión de la realidad en lo que respecta a las responsabilidades, más aún, cuando están ante la inminencia de un encuentro sexual, la impulsividad reina por encima de la razón. Sin embargo, en despacho, en sesión, en cualquiera de los ámbitos en los que he trabajado cuando hemos realizado el ejercicio de sacar la calculadora y ponerle cifras económicas a la nueva situación, entonces sí, entonces el multiplicar la cantidad mensual por los 12 meses por los 18 años de ese bebé… entonces la cifra siempre ha descolocado al adolescente.

Es en esta última cuestión que solemos olvidar la que encierra mayor conexión con la pregunta y temática de comprar a mi hijo preservativos.

A partir de aquí, te invito mucho a que reflexiones sobre tu postura ética, moral, filosófica, educativa, religiosa y hasta política con todo lo que tiene que ver el mundo de los métodos anticonceptivos.

Si la cuestión de comprar a mi hijo preservativos encaja con vuestros valores, entonces te invito a que le compres toneladas de preservativos, te invito a que busques caminos y estrategias para no comprarlos si no encajan con vuestros valores, pero por encima de todo te propongo estas tres actuaciones:

  1. Repasa el aspecto de la violencia sexual con tu hijo o hija.
  2. Investiga sobre la exposición a contenido pornográfico de tus hijos.
  3. Implementa los mejores mecanismos que tengas como madre o padre para anticipar las responsabilidades de la maternidad o paternidad. La económica siempre ayuda.

En la puerta de una farmacia con los nervios, la risa floja y la vergüenza de saber qué vamos a comprar, a 11 de febrero de 2024.

Dedicado a todos los farmacéuticos que miran a los ojos de esos adolescentes y que ya saben lo que van a comprar antes de acercarse al mostrador.

Recomendación musical: “I just wanna make love to you” Etta James.

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