Alejandro Rodrigo

Mejores castigos para adolescentes

En el momento en que me siento a redactar esta nueva entrada en el blog, es decir, a finales de febrero y principios de marzo del año 2023, ya tenemos más que comprendido e interiorizado que los castigos para adolescentes no son la mejor estrategia.

Es decir, ya todo el mundo ha aceptado abiertamente que es mucho mejor pensar en consecuencias que en castigos para adolescentes.

De hecho, no tengo que referirme a ninguna fuente ajena, sino que, en mi primer libro publicado en el primer mes del año 2021, dediqué un capítulo entero a los castigos y consecuencias, además de otros binomios como los premios y recompensas o las pautas y límites.

En esa primera publicación pude ahondar y analizar pormenorizadamente los argumentos por los que los castigos a adolescentes no son tan eficaces como las consecuencias. De hecho, ponemos mucho el foco en los adolescentes cuando verdaderamente podríamos extrapolarlo a cualquier persona de cualquier edad. Pero también es cierto que la adolescencia es la etapa en la que el sentimiento de traición adquiere mayor relevancia y es precisamente por ello por lo que los castigos para adolescentes pierden toda su fuerza.

Analicemos qué es lo que ocurre verdaderamente con los castigos para adolescentes, la propia naturaleza de los castigos y más adelante continuemos por realizar una distinción muy importante que, sin dudad, supondrá un antes y un después en nuestra labor de educar a nuestros hijos, en este caso a nuestros hijos adolescentes.

castigos para adolescentes

Analicemos qué es lo que ocurre verdaderamente con los castigos para adolescentes, la propia naturaleza de los castigos y más adelante continuemos por realizar una distinción muy importante que, sin dudad, supondrá un antes y un después en nuestra labor de educar a nuestros hijos, en este caso a nuestros hijos adolescentes.

Como ya pude analizar en el primer libro, la diferencia entre un castigo y una consecuencia es muy sutil, es decir, tan solo se basa en la temporalidad. Por ello, un castigo se refiere a la penalización que supone una determinada conducta o actitud, pero que no se ha anunciado o pactado previamente. Una consecuencia, por el contrario, se trata de ese mismo castigo pero que sí ha sido anunciado, informado o pactado previamente.

Claro, cuando estamos refiriéndonos a adolescentes, cuando nuestro hijo incumple una norma o presenta una actitud no deseada y súbitamente planteamos castigos para adolescentes, pero centrándonos en nuestro hijo en particular, lo que sucede es que nuestro hijo va a anclarse o agarrarse o defenderse con que esta penalización no se la habíamos comunicado previamente. Es entonces cuando consigue girar toda la argumentación con nosotros, desvía la atención de la grave conducta o actitud mantenida para centrarla simplemente en que le hemos traicionado porque nosotros no le habíamos advertido previamente de nada de todo esto. Por esta razón, por el sentimiento de traición no son muy útiles los castigos para adolescentes.

De esta manera resulta evidente que cuando anunciamos previamente a un hijo que si se lleva a cabo una determinada conducta va a verse respondida con una determinada acción, lo que está sucediendo es que le estamos advirtiendo de una consecuencia muy específica.

Claro, ya no podríamos ahí estar hablando de castigos para adolescentes, sino técnicamente de consecuencias para adolescentes.

Hasta aquí podríamos decir que todo está estupendo y que, de hecho, ya sabemos y conocemos toda esta teoría, sí, por supuesto. Recuerda que hay mucho contenido ahora mismo y que en la publicación de mi primer libro, así como en el desarrollo completo del curso online, el “Método Concordia” tienes muchísima más información y propuestas de actividades para realizar en casa.

Si queremos dar un paso más, si lo que queremos es no quedarnos en la superficialidad, entonces hay que analizar algunos supuestos más. Imaginemos que deseamos alejarnos de los famosos castigos para adolescentes. Pensemos en situaciones estrambóticas en las que nuestro hijo comete una acción, mantiene una conducta o actitud y que, nunca antes nos habíamos parado a especificarla. Claro, ante la ausencia de advertencia previa, si comete una conducta que debe ser reprochada entonces de nuevo habríamos caído en los castigos para adolescentes. Y si no hacemos nada, entonces incurríamos en una posible negligencia por la excesiva permisividad.

¿Nos encontramos en un callejón sin salida?

No, la realidad es que no es así y se argumenta bajo la condición de normas explícitas o implícitas. Si lo que necesitas es mayor información y estudio al respecto te animo a que te adentres en el curso online “Método Concordia” pero vaya por delante que las normas implícitas son aquellas que no necesitan ser “contadas” porque se dan por obvias.

Es decir, nadie le explica a un hijo por ejemplo que no se pueden traer botes de pintura y empezar a pintar las paredes y techos de la habitación de los padres (y de ninguna habitación) sin previo consentimiento. No tendríamos tiempo suficiente en esta vida si tuviéramos que detenernos a explicitar cada una de las cosas que no se pueden o no se deben realizar. ´

Bien, una vez habida cuenta de la idiosincrasia de los castigos para adolescentes podemos entonces pararnos a pensar cuáles serían esas mejores consecuencias o castigos, da igual, en el fondo vienen a ser casi lo mismo.

Llegados a este momento, quiero proponerte que pienses en aquellos castigos (o consecuencias) que más has utilizado en casa como madre, padre o persona a cargo de un adolescente. En la mayoría de los casos habrán sido uno de estos cuatro ejemplos o estrategias:

  • Retirada del teléfono móvil
  • Retirada de la paga semanal
  • Reducción del horario de llegada a casa
  • Eliminación de quedar con los amigos por la calle.

Exactamente, son esos, sí.

Bien, y ahora centrémonos en que esos cuatro castigos son profundamente pasivos.
Es decir, en el fondo solo pierde cosas o beneficios.

En ninguno de los castigos para adolescentes o consecuencias para adolescentes detallados anteriormente, en ninguno de ellos, requiere que nuestro hijo esté activo realizando nada. Es un mero sujeto pasivo y eso es muy fácil de ejecutar. Más allá del esperar a que el tiempo pase, pero no realiza nada, ninguna acción, es decir no realiza ningún esfuerzo.

A continuación, te propongo algunas ideas para que transformes los “castigos” para adolescentes que son de naturaleza pasiva a castigos o consecuencias activas:

  • Realizar tareas domésticas que antes no hacía
  • Buscarse un trabajo y empezar a trabajar
  • Restaurar el daño causado
  • Apuntarse a un voluntariado, no sería muy voluntario, pero bueno.
  • Compartir tiempo en familia realizando actividades que antes no hacía.

Te propongo que pienses las tuyas y que a partir de ahora mismo puedas ser capaz de empezar a poner en práctica alguna. No hay nada mejor para un adolescente que estar activo.

                             En Santoña, a 03/03/24

Dedicado a todos esos padres y madres que solo ponen consecuencias. Héroes

Recomendación: Réquiem de Mozart.

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