Alejandro Rodrigo

La importancia de leer en la adolescencia

Este es un tema que me apasiona, un concepto sobre el que siempre trabajo en el despacho desde el primer día de hace más de dieciocho años que empecé a intervenir con adolescente. Leer en la adolescencia es vital y siempre intento motivar en esta máxima.

Es un grito a voces que los adolescentes de hoy en día cada vez leen menos. La contraoferta de “pasatiempos” es día a día más imbatible, series de televisión, películas de cine con mil efectos especiales por segundo, videojuegos muy bien conseguidos, redes sociales, la realidad es que empieza a suponer un acto de rebeldía el hecho de leer y, mucho más, leer en la adolescencia.

Fijémonos que paradójicamente es la etapa de la vida en la que menos se está leyendo hoy en el momento de escribir estas líneas en 2024. Quizás, leas este artículo en 2044 y la cosa haya cambiado, ojalá, pero decirte que allá por los lejanos 2024 la lectura en la etapa de la adolescencia era invisible o subterránea. Ya no se ven libros por las calles, han quedado relegados a las mesitas de noche o a las aulas. Ya no hay adolescentes que esperen en el banco de un parque leyendo un libro a que su pareja baje de casa a su encuentro.

Decía que es paradójico porque es precisamente en la adolescencia cuando es más fundamental el hábito de la lectura. En la infancia es un signo de vida, todos los niños pequeños quieren jugar y leer cuentos. De hecho, el leer ellos solitos es un signo evidente de que se están haciendo mayores. En la adultez y en la vejez la lectura, para aquellos que leen, supone un medio de vida.

En la adolescencia, es justo el momento en el que la moral, la ética, la justicia, la política, la traición, la lealtad, la filosofía, la religión, … cobran su relevancia más alta. Es decir, un adolescente lo que está buscando en todo momento son respuestas y las encuentra en tres sitios fundamentales: En su círculo de amistades, en su familia y en las grandes obras de la literatura clásica. Se da la circunstancia de que si no lee libros y de que si sus amigos no leen libros, entonces….el recorrido del debate es mínimo. Por eso, leer en la adolescencia es importante. Un grupo de adolescentes que cuentan con el bagaje de la lectura de los clásicos podrá mantener un debate muchísimo más profundo. La profundidad en la adolescencia es innegociable, el hecho de poder divagar y divagar, perder el tiempo intentando salvar el mundo, el ser capaces de mantener una actitud crítica hasta de sí mismos, todo esto es un signo de pertenencia y de autenticidad. La época adolescente supone una fase de rebeldía y de crítica constante, para ello, si este ejercicio se lleva a cabo sobre la consciencia de no saber casi nada gracias a haber leído grandísimas obras, el resultado será de absoluto crecimiento, si el argumento está basado en videos de no sabemos quién y visionados mientras se merienda una bebida cargada de cafeína y azúcares…la mediocridad puede instaurarse haciéndose acreedora de la verdad.

El informe PISA recientemente publicado, arroja dudas sobre nuestro futuro. Los médicos que me atenderán en mi vejez y jubilación serán estos adolescentes de hoy en día, debería ser una obligación velar por su cultura, moral y ética. Yo quiero que el médico que me atienda cuando esté en mis últimos suspiros haya leído a José Luis Sampedro y tenga esa mirada de cariño como la que desprende ese abuelo a su nieto en “La sonrisa etrusca”.

Cuando un adolescente me rebate la idea de la literatura en contraposición con los videos divulgativos me hago fuerte siempre con el mismo argumento. Hoy, aquí, lo comparto contigo, pero no tanto como arma para ganar batallas dialécticas, sino más bien como estrategia de autoconvencimiento.

Somos capaces de pensar porque somos capaces de hablar.
Somos capaces de hablar porque hemos construido un lenguaje
Nuestro lenguaje se nutre de un conjunto de palabras que representan conceptos.
Cuantas más palabras, mayores conceptos podremos imaginar.
Cuántos más conceptos, mayor poder de abstracción.
Cuánto mayor capacidad de abstracción, mayor proceso de imaginación.
Cuánto mayor capacidad de imaginación, mayor capacidad analítica
Cuánto mayor capacidad de análisis, mayor capacidad de autoanálisis
A mayor autoanálisis, mayor autoconocimiento
Cuánto más te conoces, más te aceptas
Cuánto más te aceptas, más te quieres.
Cuánto más amor te dedicas, mayor capacidad de asertividad.
Cuánto más asertivo eres, más libre eres.

Si quieres ser libre y quieres quererte, lee más.

Dejando a un lado este itinerario precioso, la realidad es que la lectura promueve una serie de características mucho más provechosas que el visionado de pantallas. Hoy en día es una de las luchas más importante que tenemos como sociedad. A día de hoy, somos culpables de poner a nuestros niños más pequeños un móvil en sus manos para que se callen mientras van sentados en el carrito. Los berridos cuando se acaba la pantalla son sobrecogedores. Cada vez que veo un niño en un restaurante con un móvil mientras come pienso que ese niño será el futuro maestro en la escuela de mis nietos no nacidos…y se me cae el alma a los pies. Cada vez que veo un adolescente solo en un banco de un parque con el cuello doblado mirando su pantalla negra y sin rastro de libros me dan ganas de acercarme y darle un abrazo.

Leer es difícil. Leer en la adolescencia, al principio más, pero no lo es. Lo que ocurre es que requiere concentración, imaginación, constancia, dedicación, elección de la obra, compromiso y ser consciente de que la exaltación queda relegada al largo plazo. Las pantallas no requieren nada más que un sujeto pasivo.

Nina leyendo

Pero esto no es un alegato antipantallas, yo mismo las utilizo cuando efectivamente estoy derrotado y lo único que quiero es dejarme embaucar por los recursos visuales del cine o televisión. No hay que pensar en lo audiovisual porque todo está explicitado. Sin embargo, la lectura requiere pensar, imaginar y diseñar cada detalle, es más, requiere rellenar con nuestra imaginación todos esos detalles que no están explicitados en la obra. Leer en la adolescencia es un tesoro.

Cada uno de nosotros tenía en mente una imagen de su particular Romeo Montesco mientras leía a Shakespeare, hasta que llegó Hollywood y nos arrebató a todos nuestra imagen con el inmejorable Leonardo di Caprio al mando de “Romeo y Julieta”.

Leer es ser un sujeto activo.
Ver cine o serie es ser un sujeto pasivo.

Pero la adolescencia, es el momento del debate ético, moral y filosófico, nadie puede mantener debates desde la pasividad.

Un adolescente cuando se descubre la lectura se apasiona por ella porque las grandes obras clásicas se adueñan del corazón de las inquietudes psicológicas y es en la adolescencia donde se libran las batallas más feroces. Leer en la adolescencia es aprender a batallar y a reclamar justicia

No cito autores porque es imposible citar a los mínimos indispensables, ¿Cuántos serían?

Como has podido comprobar no se trataba tanto de aportar estrategias para saber cómo motivar a tu hijo a leer, se trata de estar absolutamente convencidos que es indispensable que lea y, de esta manera, nuestro subconsciente hará el trabajo y nos indicará el camino.

Solamente comparto contigo un secreto final, si no tiene los libros al alcance de la mano, no va a empezar. Es como la fruta en la cocina, si lo que hay a mano son las galletas y la fruta está escondida, siempre ganará el azúcar. Leer en la adolescencia requiere tener libros al alcance de la mano.

En el frutero, a 18 de enero de 2024.

Dedicado a Mark Twain que me descubrió la lectura y a mi madre que me descubrió a Mark Twain.

Recomendación: Nocturno Nº 6, Frédéric Chopin.

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