Este escrito que viene a continuación con mucha probabilidad será altamente sensible e incómodo de leer. No busca descaradamente la confrontación, lo que pretende es precisamente remover conciencias y generar reflexión.
Si eres altamente susceptible y sientes que te atacan todas la información o las personas que se dirigen a ti, quizás, este artículo de un hijo adicto al móvil no sea para ti.
No sigas leyendo.
Si crees que no pasa gran cosa porque un bebé esté sentado en el carrito con el chupete y con sus dos manitas sosteniendo un teléfono móvil mientras pasea, si no crees que ese bebé será un hijo adicto al móvil, entonces, por favor, deja de leer y pasa a otra cosa.
Te propongo algo, busca en la web información relativa a un hijo adicto al móvil y lee con detenimiento, investiga, fórmate y entonces analiza tus propias conclusiones. No se trata de que ahora mismo cojas el móvil de tu hijo y lo lances por la ventana, por favor, no hagas eso (cuidado con los viandantes) sino que se trate de que alcances una idea, una premisa, una línea educativa que sea congruente y consecuente con vuestro estilo de vida.
Si realizas esa búsqueda de “hijo adicto al móvil” podrás comprobar como se puede llegar a leer recomendaciones del tipo de no dejar a un niño entre 6 y 9 años más de 30 minutos de uso de teléfono móvil. En fin.
También existen infinidad de términos y acepciones para delimitar y concretizar este paradigma de un hijo adicto al móvil.
Por ejemplo, está el término “nomofobia” que es el miedo irracional a estar sin teléfono móvil o sin conexión a internet. Me encantó esta idea con la que llevamos mucho tiempo lidiando, quizás habría que poner el foco en esa segunda palabra de “irracional” y valorar su cambio por “racional” o no, a lo mejor es todo lo contrario.
Por ejemplo, existe otro término como “phonbies” este en concreto me encanta por la lucidez del juego de palabras entre “phone” y “zombie”, muy bien traído y muy “catchy” es decir, muy pegadizo. Bravo.
Todas estas nuevas acepciones, algunas traídas del inglés y muchos de estos portales que comparten contenido son maravillosos. Y no es irónico. Lo que pretendo argumentar es que contra más foco haya puesto en concienciar en que el teléfono móvil puede suponer un riesgo y un peligro, más información tendremos disponible y mayor conciencia tendremos.
A partir de ahí, ya será responsabilidad de cada padre y de cada madre el saber cómo y cuánto tiempo creen que es conveniente que sus hijos utilicen los smartphones para que no se convierta en un hijo adicto al móvil.
No en vano, una generación entera se quejó de la falta de información real y de calidad sobre el consumo de la heroína, produciendo desastres titánicos como todos sabemos.
Sin embargo, hoy en día no vale ese argumento con el uso del teléfono móvil en nuestros hijos.
Por ello, porque no podemos redundar en la hipocresía de ciertas excusas, es necesario poner voz alta y clara en ciertos conceptos para que no tengamos que llegar a emitir esa frase de tengo un hijo adicto al móvil.
- La tecnología es útil.
Claro, la tecnología es una maravilla, lo sabemos todos, pero de la misma manera que no dejamos que niños de 12 años utilicen una tecnología llamada “coche”, sabemos que la tecnología tiene limitaciones y recomendaciones de uso según la edad.
- La herramienta no es la culpable, sino su uso.
Por supuesto. No hay mejor ejemplo que las pistolas. Deben estar al alcance solo y exclusivamente de las personas autorizadas.
Entonces, ¿cuál es el problema de hoy en día?
¿Si tenemos desde hace mucho tiempo toda la información y expertos que nos están alertando del peligro de llegar a tener un hijo adicto al móvil, por qué no hacemos caso?
Aquí radica el “quid de la cuestión”
Intento dar respuesta clara y concisa, pero no por ciencia infusa sino basada en mi experiencia profesional de trabajar y atender casos de graves conflictos familiares desde 2005. Año, por cierto, en el que todavía no teníamos este problema de hoy en día de ver un hijo adicto al móvil.
Los profesionales que atendemos familias y adolescentes desde entonces y antes hemos sido testigos de cómo este virus se adueñaba de la educación de nuestros hijos a velocidad cósmica.
La respuesta a la pregunta es POR MIEDO.
Como madres y padres tenemos dos profundos miedos en la adolescencia de nuestros hijos que el móvil parece que nos protege y nos da la respuesta útil ante ellos. Bueno, tenemos muchos miedos, pero hay dos en concreto que el teléfono móvil nos da un salvavidas para INICIALMENTE protegernos de esos dos temores.
Sin embargo, sabemos por experiencia que esa protección es PAN PARA HOY Y HAMBRE PARA MAÑANA
El primer miedo es el aislamiento social. Tenemos miedo como padres a que, si todos los amigos de clase de nuestro hijo tienen móvil y quedan por el móvil nuestro hijo que no tiene todavía, claro, se quede aislado. Nos da mucho miedo que nuestro hijo no tenga amigos. Pero…poco tiempo después nos desespera cómo ver a un hijo adicto al móvil que no es capaz de parar de hablar con sus amigos, precisamente a los que acaba de ver hace pocas horas en el instituto.
El segundo miedo es el miedo a que le pase algo en la calle. Sí, nuestro hijo empieza a salir con sus amigos solo por el barrio y nos da muchísimo miedo que le pase algo y que no pueda comunicarse con nosotros y que no podamos acudir al rescate en el momento. Sin embargo, luego nos traumatiza que nuestro hijo adicto al móvil no quiera compartir con nosotros su ubicación y no responda a nuestras llamadas o mensajes. Solo nos pida ese infinito Bizum nocturno.
Lo paradójico de este asunto es que, si nos paramos a pensarlo bien, lo que verdaderamente nos da miedo es que…nuestro hijo no sea capaz de solucionar por sí mismo las situaciones a las que se enfrente.
¡¡¡ Boom !!!
Cuando nos damos cuenta de que nos da miedo que no sea capaz de establecer relaciones de amistad sanas e independientes, que nos da miedo que no sepa enfrentar los riesgos con los que se cruce en la calle, que nos da miedo que no sepa dormirse sin el ruido blanco del móvil, que nos da miedo que no sea capaz de ir en el coche sin ver una serie, que nos da miedo que la líe parda en el centro comercial mientras estamos de compras, que nos da miedo que se ponga a llorar en el restaurante, que nos da miedo todo…. Cuando nos damos cuenta de ello, entonces es mucho más fácil lidiar con un hijo adicto al móvil
Pero no hagamos demagogia.
No es nada fácil lidiar con un hijo adicto al móvil.
Lo que sí es muy fácil es no ofrecerle esa tecnología cuando no toca.
Si quieres aprender más sobre abuso de móviles tienes un montón de literatura al respecto y este curso online disponible aquí, en el que encontrarás los principios básicos de prevención y actuación.
Vale Alejandro, pero ¿cuándo podemos darle el teléfono móvil? ¿A qué edad para que no se convierta en un hijo adicto al móvil?
No lo sé, eso depende demasiado de vuestro estilo educativo de vuestros principios morales, lo que sí tengo muy claro es que cuanto más tarde mejor.
Creo firmemente que el teléfono móvil y la innovación digital es un progreso titánico para nuestra sociedad, pero solo para los adultos.
Los niños y los adolescentes deberían estar lo más alejados posibles de los dispositivos móviles y las pantallas en todas sus modalidades, ya te lo dije, iba a ser un escrito incómodo. Gracias por llegar hasta aquí.
En la montaña, abrazando un árbol a 18 de octubre de 2024.
Dedicado a las pedagogías libres de pantallas.
Recomendación musical “Yo de grande” Canción Waldorf
